AIS - Cono Sur

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Argentina - Chile - Perú

por Herbert Mujica Rojas

14-2-2002


Hay sectas cuyo accionar provoca un profundo daño en la sociedad, lo cual aún no ha sido materia del estudio imprescindible de quienes se jactan de “analistas” y “exégetas” de la realidad social. Por el flagrante desconocimiento del problema sectario en el Perú tenemos la obligación de promover el abordaje de esta problemática entre los periodistas, sociólogos, antropólogos, médicos, psiquiatras, psicólogos, abogados y demás profesionales involucrados y comprometidos con el desarrollo democrático del país y dispuestos a condenar cualquier acto que viole los derechos humanos de toda persona y, en especial, su derecho a la libertad de consciencia.

Este trabajo, producto de múltiples horas de trabajo en Lima, Arequipa y otras partes del país y Latinoamérica pretende cumplir un papel pedagógico al denunciar al Sodalitium Christianae Vitae, grupo fascista por convicción y temperamento, y su cancerosa acción al interior de la sociedad peruana. Puédese discrepar de él, de pronto suscita opiniones violentamente contrarias, pero lo que sí va a ser imposible es ignorarlo.

Pocos meses atrás en El totalitarismo católico en el Perú, tesis que en su edición príncipe incluyó menciones a las baladronadas que acostumbra impulsar el Sodalitium, denunciamos cómo, a partir del Concordato, vínculo internacional no sancionado por ningún Congreso, la Iglesia Católica vive a expensas del no pago de tributos y además de los miles de dólares que sus principales funcionarios se embolsican cada mes, sin trabajar, sin merecerlo y en una constante expoliación del pueblo peruano, que no tiene cuando terminar porque se hace en nombre de una “fe” tradicional y que en realidad ha constituido la continuación de un robo que ya supera los 500 años de permanencia insolente en el país. Este mismo Concordato es el que, amparando a la Iglesia Católica, favorece legalmente el expansionismo sodálite y es el que utiliza esta secta para proteger sus inversiones.

Lea pues, amigo lector, estas procelosas páginas con ojos críticos, compulse fuentes, acuda a testimonios, revise materiales, proponga una refutación científica, orgánica. A una idea se la combate con otra. Al sectarismo difundido por el Sodalitium le denunciamos en la comisión de múltiples actividades que son fácilmente comprobables en diarios y publicaciones. A las sectas hay que enfrentarlas con decisión y valentía indómitas. El fanático sabe que cuando tiene a adversarios de ese jaez sólo tiene una opción: luchar o morir. Y puedo anunciar, sin jactancia, pero premunido de la verdad verdadera, que habemos muchos dispuestos a erradicar la presencia de estos disociadores y su prédica retrógrada, exaltadora de principios antidemocráticos y profundamente racistas.

05-abril-2016

26.10.15

AméricaTV, Cuarto Poder: Sodalicio, surgen más denuncias de ex-integrantes por abuso sexual (vídeos)



- Vídeo 1: minuto 13:48 aprox. aparece el Dr. Héctor Guillén Tamayo, miembro fundador de AIS-Cono Sur:
http://www.americatv.com.pe/cuarto-poder/reportaje/sodalicio-surgen-mas-denuncias-exintegrantes-abuso-sexual-noticia-35095?ref=ivmv

- Vídeo 2:
http://www.americatv.com.pe/cuarto-poder/reportaje/sodalicio-surgen-mas-denuncias-exintegrantes-abuso-sexual-noticia-35095

¿Cuál es el destino judicial y eclesiástico de estas denuncias y del mismo Luis Fernando Figari, hoy de retiro espiritual en Roma?
Nuevos testimonios de ex miembros del Sodalicio de Vida Cristiana confirman los abusos y daños irreparables que sufrieron jóvenes por parte del fundador y líder de esta congregación, Luis Fernando Figari Rodrigo, así como de otros líderes espirituales de esa organización.
“En el año 1991 previamente a ingresar a la comunidad, Luis Fernando Figari se aparece una madrugada y nos dice quítense la ropa y quédense en calzoncillos y recuerdo a alguien filmándonos, como en este momento”, reveló a Cuarto Poder el exsodalite Oscar Osterling.
Una cadena de abusos psicológicos, físicos y hasta sexuales que se inician con técnicas de manipulación en la que un adolescente pierde su identidad, el derecho a tener ideas propias, reprimir su sexualidad y practicar la obediencia absoluta hacia su líder en nombre de Dios.
Oscar Osterling formó parte del Sodalicio durante dos décadas. Entregó los mejores años de su vida al servicio de esa congregación católica ultraconservadora.
Pero el 2011 decidió salirse de ella cansado de los maltratos psicológicos a los que fue sometido en los últimos cuatros años. El Sodalicio lo castigó y lo envío a Colombia contra su voluntad, por una falta que ellos consideraron muy grave: haberse enamorado de una chica.
“No llego a nada sencillamente había una amistad. A mí me marcó muchísimo. Fue un abuso de autoridad, querían que a través de los test proyectivos apareciera algo. Ellos me decían tú vas a hacer los que diga Luis Fernando”, indicó.
Años después, Osterling denunció estos hechos ante el Tribunal Eclesiástico y se entrevistó con su presidente, el sacerdote Víctor Huapaya.
“Fui a hablar con el padre Huapaya y me dice que no han avanzado nada. Yo ya envíe las denuncias a Roma hace tiempo y me dice que cree que hay alguien en Roma del Sodalicio atajando las denuncias, se refería al Procurador”, recordó.
También denunció prácticas ilegales del Sodalicio, como la vulneración del secreto de sus comunicaciones. En el libro de Pedro Salinas también se hace referencia a la intervención de la correspondencia de los que vivían en comunidad.
Pero de acuerdo a los testimonios brindados por exsodálites, Luis Fernando Figari no sería el único que habría practicado la pederastia al interior de esa organización.
El ya fallecido German Doig, el llamado vicario del Sodalicio y quien fuera en su momento el número dos de esa comunidad, también fue acusado de violación por tres de sus víctimas y esto provocó que su trámite de beatificación iniciado en Roma se paralice.
También otros dos sodálites consagrados muy allegados a Luis Fernando Figari fueron acusados por el mismo delito: violación. Daniel Beltrán Murguía Ward y Jeffrey Daniels.

¡Imperdible!



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lunes, 23 de noviembre de 2015

TESTIMONIO COMPLETO by Martin Scheuch


En el libro Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz yo soy Matías. Terminé de redactar mi testimonio, aquel en que se basa el capítulo correspondiente del libro, el 28 de agosto de 2011, teniendo como guía un cuestionario que me envió Pedro por correo electrónico. Dado que en un libro de esas características resulta imposible incluir toda la riqueza de contenidos de mi reflexión sobre mi experiencia sodálite, incluyo aquí el testimonio completo.
________________________________________
TESTIMONIO DE MARTIN SCHEUCH (MATÍAS)
Fecha: 28 de agosto de 2011
Tenía 14 años de edad cuanto tuve mi primer contacto con el SCV (Sodalitium Christianae Vitae) allá en el verano del año 1978 [ver mi escrito donde narro esta experiencia, SODALITIUM 78: PRIMERA ESTACIÓN].
Estaba yo en la adolescencia, cuestionando por primera vez el sentido de mi existencia y buscando mi lugar en el mundo. De hecho, no me gustaban las perspectivas que se me presentaban, pues sentía una enorme insatisfacción respecto al ambiente social de clase media limeña en el cual había crecido. Mi búsqueda se canalizaba entonces a través de lecturas diversas de autores como Hermann Hesse, Rabindranath Tagore y Khalil Gibran, y el rock progresivo de grupos como Pink Floyd, Yes, Queen, Genesis, The Alan Parsons Project, e intérpretes como Rick Wakeman y Mike Oldfield, y encontraba un desfogue a la rebeldía en grupos de rock pesado como Led Zeppelin, Deep Purple y Sweet.
Lo que me atrajo del SCV fue algo que se fue perdiendo con el tiempo, a saber, un espíritu medio bohemio unido a un espíritu contestatario frente a los estilos de vida conformistas presentes en la sociedad de entonces, y que lamentablemente han perdurado hasta ahora. El SCV se ha ido acomodando en cierta medida a esos estilos, buscando presentar un rostro respetable sobre todo frente a los miembros de las clases acomodadas del Perú, ocultando sus raíces cuestionables. Pero entre esos orígenes y el presente se extiende la historia de un sistema que ha manipulado las conciencias de sus miembros y ha servido para satisfacer las ansias inconfesables de su fundador, que para mí se reducen al deseo de poder. Los casos de escándalos sexuales son una consecuencia de este sistema, donde probablemente los mismos abusadores sean a la vez víctimas, como sospecho que ocurrió en el caso de Germán Doig. Es una constante que antes se ha verificado de similar manera en el caso de los Legionarios de Cristo.
Mi familia era normal, dentro de los estándares limeños. Mi madre tenía un carácter extrovertido, que irradiaba alegría y pasión por la vida, pero a la vez dominante y con frecuentes arranques de irascibilidad, lo cual había anulado en mí la espontaneidad y me había convertido en un joven sumamente introvertido. Mi padre tenía más bien un carácter tranquilo, reservado, y yo diría hasta ausente, que se había acentuado a raíz de la enfermedad de Parkinson que padecía. En esos momentos la relación con mis padres no estaba pasando por un buen momento, y el SCV me daba la oportunidad de lograr independencia y autonomía, por lo menos psicológica.
En el colegio tenía indicadores muy buenos: sobresaliente en conducta, además de las mejores notas de mi clase. Y sin mucho esfuerzo, porque asimilaba los aprendizajes con facilidad y no tenía que dedicarle mucho tiempo al estudio. Sin embargo, andaba desorientado, pues la sociedad limeña de entonces no se me presentaba con perspectivas atrayentes que satisficieran mis deseos de lograr algo valioso en este mundo.
El surgimiento y desarrollo del SCV no hay que entenderlo sólo como expresión del deseo de poder y significado del que es considerado su fundador, Luis Fernando Figari. Su atractivo radicaba en que ofrecía una manera de redescubrir la experiencia cristiana desde una perspectiva más aventurera, contestataria y comprometida que la que ofrecían las mediocres formas de vida de las parroquias y de los educadores católicos que habíamos conocido. Dentro del SCV el cristianismo adquiría individualmente características subversivas y hasta revolucionarias como la que había en los movimientos de izquierda, aunque luego todo ello quedara mitigado por la alergia institucional a todo lo que fuera participación en la política y una ideología de derechas extremadamente conservadora.
Lo más cerca que estuvo el SCV de una acción política fue la publicación en 1978 del libro Como lobos rapaces de Alfredo Garland, un panfleto de denuncia contra la teología de la liberación disfrazado de investigación periodística. Aunque luego el SCV se deslindara del asunto, arguyendo que se trataba de una obra escrita “a título personal” por Garland, en verdad toda la institución estuvo detrás de la elaboración y posterior difusión del libro. Esta manera doble de proceder se convertiría luego en una constante dentro de la historia del SCV, negando su participación en eventos, acciones, empresas, instituciones que promovieron, pero a las cuales les ponen encima el rótulo de “a título personal”. Yo no conozco nada que haya efectuado un sodálite en cuanto tal que pueda ser calificado verdaderamente de “a título personal”. Lo que hace un sodalite en el ámbito público siempre ha sido autorizado previamente por la institución y es avalado por ella, pues las iniciativas particulares —así como el pensamiento propio— nunca se han permitido en el SCV.
Sin embargo, aun cuando no tengo motivos para dudar de las buenas intenciones que había detrás del proyecto inicial, las metodologías que se aplicaron para hacer proselitismo y conservar a los miembros son bastantes cuestionables, pues todas ellas pueden resumirse en un solo término: intrusión en la conciencia y en la intimidad psicológica de las personas. El concepto de diálogo no existía. Lo que comenzaba aparentemente como un diálogo terminaba en la aplicación de técnicas de manipulación para lograr desnudar psicológicamente a la persona y, ante su desvalimiento interior, conducirla a la aceptación de la doctrina y el estilo de vida que planteaba el SCV. Técnicas de este tipo eran:
  • las conversaciones que devenían en interrogatorios con preguntas incómodas;
  • las introspecciones en grupo que se hacían en los retiros en lugares apartados donde había
    prácticamente un aislamiento del entorno normal de vida;
  • la aplicación de shocks psicológicos, haciendo que las personas tomaran contacto con realidades impactantes e insufribles, para luego presentarse como respuesta ante el desconcierto generado (como, por ejemplo, la dinámica aplicada en retiros donde alguien se hacía pasar por un enfermo terminal, o la proyección de películas de shock en los dos primeros Convivios: Centinela de los malditos (Michael Winner, 1977) y Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976);
  • la aplicación de tests psicológicos a menores de edad efectuada por personas no profesionales y sin conocimiento ni autorización de los padres, para “conocer” mejor al candidato, y en el caso de mayores de edad la imposibilidad de negarse a la aplicación de estos tests en virtud de que eso se consideraría un acto de rebelión contra la autoridad y la comunidad misma;
  • otras medidas extrañas que fueron aplicadas en casos excepcionales en los inicios del SCV como, por ejemplo, emborrachar al candidato para romper sus defensas psicológicas y poder “entrarle”, es decir, irrumpir en su intimidad psíquica y sacar a luz sus problemas personales para luego ofrecerle el estilo de vida sodálite como un camino de redención personal.
En muchas de los métodos el objetivo claro —y expresado explícitamente— era lograr que las personas “lloren”, señal de que ya se habían “quebrado” y, por lo tanto, ya estaban “abiertas a la acción de la gracia”. En realidad, abiertas a determinada gracia que iban a perpetrar contra ellas aquellos que le habían hecho “apostolado”: convertirlo en uno más de los miembros cortados con la misma tijera que ha tenido y tiene el SCV, por lo general con el cerebro lavado.
Hace algunos años leí un libro sobre las Juventudes Hitlerianas, y me sorprendió el hecho de que hubiera varias semejanzas con el Sodalicio que yo había conocido. Si bien no hay uniformes en el Sodalicio, si hay una manera de vestir por la cual se distingue claramente a sus miembros (pantalones de vestir de colores claros, camisa de color claro sin ningún detalle llamativo de diseño, calzado de estilo muy parecido), y de hecho en eventos públicos y ceremonias litúrgicas solemnes se presentan con terno azul, con un aspecto que hace pensar de inmediato en un grupo uniformado. La creación de une especie de mística colectiva mediante el uso de símbolos, canciones entonadas al unísono con voz fuerte y marcial, y el gusto por eventos de masas donde la asistencia es obligada (por consigna) con despliegues espectaculares de acciones simbólicas — actualmente con ayuda de las modernas tecnologías audiovisuales— son otros puntos donde el Sodalicio corre por caminos similares a lo que recorrieran las Juventudes Hitlerianas.
A eso le sumamos el culto a la personalidad del líder, en este caso Luis Fernando Figari. Dotado de una personalidad compleja de difícil definición, Figari buscó conducir el Sodalicio desde sus inicios como si de un padre se tratara. De hecho, se presentaba como alguien que estaba preocupado por nuestro bien más que nuestros padres carnales, y de este modo se erigía como figura paterna sustitutiva, a la cual se le debía obediencia. Es difícil juzgar las intenciones que tenía. Sólo me consta que se veía a sí mismo como alguien elegido por Dios para crear una institución que iba darle nueva vitalidad a la Iglesia, que se a iba a constituir en una respuesta para los tiempos actuales. Y si bien manifestó en los inicios del Sodalicio una cierta reticencia a mostrarse como una figura de culto, posteriormente, ya en la década de los '80, cuando ya se había fundado el MVC (Movimiento de Vida Cristiana), le oí decir una vez en la desaparecida comunidad sodálite de San Aelred situada en la Av. Brasil que no le quedaba otra alternativa, muy a su pesar, y que a semejanza de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, debía acceder a convertirse en un líder a quien se le mirara ante todo con veneración. No sé cómo llegó a esta conclusión, pero curiosamente presentaba este proceder como un sacrificio que debía hacer. Por otra parte, Luis Fernando asumió bien este rol y permitió que se tejiera un halo de veneración a su persona, evidente en los eventos multitudinarios donde se creaba expectativas respecto a su llegada y finalmente su presencia era aclamada como el momento culminante del evento.
Si bien Luis Fernando tiene una personalidad dominante, ello ha ido siempre acompañado de una cierta vulgaridad que afloraba con frecuencia en su lenguaje coloquial y de una falta de naturalidad en su aproximación a las personas. No recuerdo nunca que se haya relacionado con nadie a un nivel de igualdad, como la haría cualquier persona normal con otras personas con las que entra en contacto. Luis Fernando siempre tenía que ocupar un lugar especial o aparecer como el centro de cualquier actividad. Cuando visitaba las comunidades se preparaba el ambiente como si fuera a venir un elegido, dotado de un don divino único. Conozco a muy pocas personas que se hayan atrevido a contradecirle.
En el Sodalicio siempre se le ha presentado como un gran pensador, y sus palabras, recogidas en folletos y otras publicaciones, además de los numerosos artículos que ha escrito, han sido lectura obligada de la gente perteneciente al MVC y al SCV y considerados como clave para interpretar la realidad. Un análisis a fondo nos permite descubrir en esos textos las características de una ideología religiosa, pero ideología al fin y al cabo, basada sobre todo en fuentes librescas, que oculta su falta de originalidad y profundidad a través del uso frecuente de términos crípticos. Se trata de un discurso mediocre que se ha ido repitiendo hasta el cansancio sin mayores variaciones año tras año, un discurso que no admitía ninguna observación crítica por parte de nadie. El mismo Luis Fernando nunca ha aceptado ser entrevistado por nadie que pudiera tuviera una actitud crítica hacia él, y ha solido mantenerse alejado del ámbito público, siendo otros los que dan la cara por el Sodalicio. De alguna manera, ello ha reforzado su imagen de personalidad objeto de culto dentro de las asociaciones que él ha fundado.
¿Podría decirse que fundó el Sodalicio y sociedades afines como entramado para ocultar bajas pasiones y vicios ocultos? No creo que haya sido así desde un inicio. Yo casi nunca vi nada extraño que me hiciera sospechar. O quizás la lucha contra mis propios demonios personales no me permitió darme cuenta de ello. Soy de la opinión de que posiblemente hubiera mucho de sincero en sus intenciones. Aún así, no dudo tampoco de que haya habido un lado oscuro y turbio, que pudo existir gracias a que el demasiado exigente estilo de vida que se propugna en el Sodalicio no sólo permite sino que empuja a las personas para que tengan una doble vida donde por un lado, con las mejores intenciones, buscan cumplir con el ideal de santidad que se les propone, pero a la vez se hacen incapaces de manejar adecuadamente su sexualidad, por una falta de una actitud natural y humana hacia este aspecto de la vida.
Resulta también curioso que no se sepa que Luis Fernando haya tenido alguna vez un enamoramiento con una chica, y que más bien le haya escuchado con frecuencia comentarios misóginos, como «¡a la mujer con la punta del zapato!», misoginia que se transmitía de alguna manera hacia sus discípulos, que a veces decían cosas como «mujer buena, sólo la propia madre y la Virgen».
Una cosa extraña en él era un temor obsesivo a contagiarse enfermedades, que llegaba hasta el punto de que a veces dejaba de dar la mano a las personas o cancelaba una visita a una comunidad si se enteraba que uno de sus integrantes estaba enfermo, o ese afán de tener siempre a la mano pañitos con alcohol para desinfectarse las manos. También es extraño el deseo de que le complaciera en todo, de modo que si llegaba a una comunidad y no había lo que a él le gustaba, el encargado de suministros (llamado encargado de temporalidades) podía ganarse un problema. De este modo se compraba varios tipos de bebidas gaseosas y bocadillos ante una eventual visita de Luis Fernando, aunque posteriormente no se consumiera todo.
Si nos vamos al tema de las estrategias de coerción psicológica, yo creo que todo el sistema de captación y formación está atravesado por la coacción y la manipulación de las conciencias, pues el SCV no admite una pluralidad de opiniones en su seno. Aun cuando proclamen estar a favor de la libertad de las personas, la idea de libertad es entendida de una manera restrictiva, de modo que se entienda que sólo se puede ser libre si se acepta el pensamiento único que la institución postula a través de su fundador y sus seguidores. En reuniones, cuando se pide la opinión de las personas sobre un punto, se trata sólo de una táctica para llevarlas a aceptar la verdad que los miembros de la institución proponen. Para lograr este fin consideran como válidas ciertas técnicas de manipulación psicológica. Y si bien hay casos excepcionales de maltrato extremo, relatados por varios testigos, se trata de hechos ocasionales, pues el maltrato más frecuente son las conversaciones y reuniones para ir metiendo la propia ideología en las cabezas de las personas, donde se recurre con frecuencia a la burla, el insulto, la orden de guardar silencio e incluso a veces a las amenazas de castigos (ayunos obligados, privación de sueño, actividades absurdas sin ninguna finalidad, etc.). Ni qué decir, por lo general la autoestima sale bien perjudicada.
Respecto al tema sexual, debo confesar que no vi nada realmente extraño que me llamara la atención. De ciertos hechos me he venido a enterar recientemente. Ya he hablado sobre mi experiencia en un escrito más detallado [ver SODALICIO Y SEXO]. Sin embargo, viene a mi memoria un hecho bastante extraño que ocurrió en el año 1979 cuando yo tenía unos 16 años y mi consejero espiritual era B. Durante una sesión de consejería ocurrida en uno de las pequeñas salas habilitadas para esto fines en la desaparecida comunidad sodálite de San Aelred, situada en Magdalena en la Av. Brasil, en un momento interrumpió nuestra conversación y entró a los recintos de la comunidad —a los cuales estaba prohibido entrar sin permiso y que estaban separadas de las salas de recepción por una puerta donde había un cartel con la palabra PRIVADO—, dizque para consultar un asunto con Germán Doig, por entonces superior de esa comunidad. Cuando regresó, me ordenó que me desvistiera. Una vez hecho esto, me dijo que debía abrazar una enorme silla que allí estaba y fornicarla, en realidad simular que la fornicaba. Cumplí la indicación de manera muy torpe, si bien con cierta reticencia inicial de mi parte. De hecho, me sentí bastante incómodo. Aun cuando B mantenía baja la mirada y también se mostraba evidentemente incómodo ante la situación, yo sentí que se me estaba haciendo violencia interior, aunque el fin aparente de todo ello era simplemente romper las muchas barreras psicólógicas que yo tenía a esa edad y que me habían convertido en una persona excesivamente reprimida. La situación no duró mucho y B me pidió que me vistiera nuevamente, y me preguntó si me sentía mejor. Le dije qué sí, y no le di mayor importancia al asunto, pues los sodálites nos tenían acostumbrados a cosas raras, pero hasta ahora ninguna había tenido la connotación sexual que
tenía esa experiencia. Vista a la distancia, no considero esta experiencia como un intento de abuso sexual, sino como una manipulación y violación de la conciencia mediante el sometimiento a una situación vergonzosa de connotación sexual que atenta contra la intimidad personal. El hecho de que B haya consultado la medida me lleva a pensar que se trataba de una táctica que ya se había aplicado en otras ocasiones.
Mi alejamiento del SCV ha sido progresivo y nunca se ha oficializado definitivamente. Salí en 1993 de una comunidad por acuerdo mutuo debido a incompatibilidades con la vida comunitaria. Es una historia larga y compleja que algún día relataré en todos sus detalles [ver SODALITIUM 92: MOMENTO DE DECISIÓNSODALITIUM 92: ÚLTIMA ESTACIÓN… SAN BARTOLOSODALITIUM 93: ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE]. La salida no fue fácil, debido al concepto estrecho de “vocación” que siempre se ha manejado en el SCV, a saber, que si uno se aleja del camino al cual ha sido llamado —llámese instituto o estilo de vida—, pone en riesgo su salvación eterna. Se trata de de un concepto que no tiene en cuenta la diversidad de la experiencia humana ni de las situaciones y caminos que uno tiene que recorrer en la vida y que no respeta la conciencia, además de carecer de sustento en la Biblia y en la doctrina de la Iglesia.
Debido a eso, pasé unos siete meses de angustia en una de las casas de formación de San Bartolo, sujeto a una disciplina monacal que yo mismo acepté: levantarse a las cuatro de la madrugada, darse un chapuzón en el mar helado, rezar y hacer otras actividades devotas y espirituales hasta las seis de la mañana, participar luego de las actividades habituales de la comunidad durante el el resto del día hasta las ocho de la noche, en que me iba a acostar antes que los demás. Otros que estaban sujetos a la misma disciplina, aunque debido a circunstancias muy distintas a la mía, eran FRP y RI. Llegué incluso a desear la muerte en varias ocasiones para no tener que tomar una decisión que me aterraba. No había obstáculo físico que me impidiera irme, pues al contrario de otros que entraron en “crisis” y fueron enviados a San Bartolo, yo no tenía nadie que me acompañara y vigilara cada vez que salía a la calle. Sin embargo, me sentía aprisionado por unos barrotes interiores, por una ideología que me había sido metido a fondo en el alma y que me hacía prever un tremendo fracaso personal en caso de que tomara las de Villadiego. Lo más angustiante era la incertidumbre de no saber cuándo iba a terminar este martirio. No fue hasta el final de ese tiempo en San Bartolo que supe cuándo iba a terminar mi estadía allí.
Las consecuencias de haber estado durante más de once años en comunidades sodálites fue, en primer lugar, que no tenía una formación profesional que me permitiera ganar lo necesario para tener un nivel de vida decente y salir adelante. Sólo tenía un título de Licenciado en Teología, y daba clases en el Instituto Superior Particular de Educación Catequética, que pertenecía al arzobispado de Lima y era dirigido por la Hna. Julia Estela, una anciana monja dominica de armas tomar que siempre me apoyó, incluso cuando dejé de ser un consagrado sodálite. Ganaba poco, aun cuando también di clases en colegios particulares, en el Instituto Superior Pedagógico Marcelino Champagnat (convertido luego en Universidad) y en el desaparecido Instituto Superior Pedagógico Nuestra Señora de la Reconciliación.
Además, mi adolescencia no había transcurrido en los cauces normales, y descubrí que a los 30 años de edad todavía tenía que madurar varios aspectos de mi persona que habían quedado relegados durante mi experiencia sodálite.
Haber salido de comunidad en esa época conllevaba consigo una mala reputación frente a la mayoría de los miembros del SCV y del MVC. No obstante mi deseo de seguir contribuyendo con mi esfuerzo y mis talentos al desarrollo de varias actividades de la institución, fui poco a poco siendo relegado, marginado, e incluso se comenzó a hablar mal de mí por lo bajo, tal vez a consecuencia de mi capacidad crítica y de la libertad que manifestaba para expresar lo que yo pensaba. Lo cierto es que se me creó una mala fama, lo cual unido a la marginación soterrada a la cual se me sometió y a las escasas oportunidades de trabajo debido a mi falta de experiencia laboral —por haber estado tanto tiempo en el comunidades sodálites—, no obstante haber obtenido el título de Magister en Administración de Negocios de ESAN (Escuela de Negocios para graduados), llevaron a que finalmente tentara suerte en Alemania, aprovechando que también poseía la nacionalidad germana.
Finalmente, el poder observar desde lejos lo que sucedía en el SCV y el MVC me hicieron ver con mayor claridad cómo los gérmenes de decadencia iban creciendo en la institución, siendo la gota que colmó el vaso la expulsión sin causa conocida de Germán McKenzie y la detención de Daniel Murguía por acciones pedófilas en el centro de Lima.
Resumiendo, el precio que tuve que pagar por haber pasado por el SCV es:
  • una madurez obtenida a trompicones a una edad tardía;
  • la falta de una adecuada formación profesional para salir adelante en la vida;
  • la marginación, la calumnia, la incomprensión hacia mí persona;
  • el exilio, una especie de condena dictada por las circunstancias pero que fue también la oportunidad para alcanzar el goce de una libertad lograda a machetazo limpio.
Por lo general, el procesamiento de las experiencias vividas en el SCV suele demorar años, en la mayoría de los casos que conozco más de una década, pues el hecho de que la ideología de la institución sea grabada a fondo en la psique de las personas equivale a una suerte de lavado de cerebro, a tal punto que muchos que han abandonado la institución se sienten al principio como traidores. En mi caso personal no fue así. Yo busqué durante años, una vez terminada mi experiencia comunitaria, mantener la lealtad hacia la institución y hacia unos principios basadas en la fe cristiana que por convicción personal mantengo. Y puedo dar testimonio de que fui traicionado por la institución en repetidas ocasiones. Hasta que llegó el momento de ver con claridad de que eran pocas las esperanzas de que haya un cambio, y que la fidelidad a mi conciencia tenía más importancia que la fidelidad hacia una institución que ha traicionado los principios en los cuáles afirma basarse y que, en consecuencia, ha hecho daño a muchas personas.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Héctor Guillén Tamayo: el Sodalicio debe disolverse

El Dr. Héctor Guillén Tamayo, miembro fundador de AIS-Cono Sur expone la cruda realidad de los abusos en grupos supuestamente religiosos como el denunciado Sodalicio.


El oftalmólogo Héctor Guillén Tamayo, padre de un joven captado por el Sodalicio, habla sobre su larga lucha para denunciar éste hecho y el carácter nocivo de las organizaciones verticales de este tipo y sobre las denuncias de abuso sexual y maltrato psicológico que se exponen en la publicación de Pedro Salinas “Mitad monjes, mitad soldados” que se presentó recientemente en la ciudad de Lima.
Expresa su confianza en que, a partir de ello, se hagan públicas otras denuncias y el Estado asuma su rol de carácter laico y de custodio de la legalidad. También pidió que los órganos de Justicia exigen reparaciones para todos los afectados por las prácticas denunciadas.

 

domingo, 18 de octubre de 2015

Mitad monjes, mitad soldados 22.10.15

El periodista Pedro Salinas presenta Mitad monjes, mitad soldados, su segundo libro sobre el Sodalicio de Vida Cristiana. En él, recoge denuncias por abuso sexual presentadas contra el fundador de esa comunidad católica, Luis Fernando Figari.


A la derecha, el fundador del Sodalicio, Luis Fernando Figari, junto al papa Juan Pablo II. Melissa Merino.
Pedro Salinas, autor del libro que será presentado el 
jueves 22 de octubre en el Lugar de la Memoria.
Escribe:  Juana Gallegos

“Era inteligente, sagaz, de los que no daban puntada sin hilo, hábil para detectar los defectos del otro. Era cariñoso con los que necesitaban afecto y exigente con quienes carecían de una figura paterna”. 

'Lucas' describe de este modo al fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, Luis Fernando Figari, una figura hasta ahora impenetrable. De él solo se sabe que a sus cortos 24 años, y tras estudiar Derecho y Teología, fundó su propio movimiento religioso: el Sodalicio, una de las alas más radicales del catolicismo en el Perú, que tiene como fin, según rezan sus principios, llevar a los jóvenes por el camino de la santidad. 

'Lucas', quien prefiere mantener su edad y su nombre en el anonimato, es un ex sodálite que se unió a este grupo a los 15 años, atraído por la vida de disciplina y fe que Figari le prometió cuando lo conoció en un retiro del colegio Santa María. 

Han pasado varios años para que 'Lucas', ya alejado de la organización, hable de lo que fue su experiencia entre las cuatro paredes del Sodalicio. 

Los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz han registrado su testimonio en el libro Mitad monjes, mitad soldados (Planeta, 2015), una investigación que se completó en cuatro años y que devela –entre casos ya conocidos de maltratos físicos y psicológicos cometidos en la comunidad– graves casos de abuso sexual. 

Domingo tuvo acceso a dos testimonios de ex sodálites que, según se narra en el libro, fueron seducidos por Figari, en ese entonces Superior General del Sodalicio y que hoy, ya alejado de la comunidad, "vive una etapa marcada por el recogimiento y la oración", según señala el portal web de la organización católica. 

“Ahora sácate la ropa”

Según los testimonios que ha recogido Salinas, Figari representaba una figura intachable para sus pupilos. Su poder en la comunidad era tal que todos seguían sus órdenes sin chistar: “Si ordenaba algo, todos saltaban para complacerlo”, dice el periodista, quien también fue sodálite y lo conoció: “Te decían que si la vida de Figari corría peligro, tú tenías que poner el pecho para salvarlo”.  

'Lucas' fue uno de los pocos privilegiados que tuvo a Figari como guía espiritual. El "número uno" se ocupaba de él de forma exclusiva en sesiones privadas en las que exploraba su psicología. Todo iba bien hasta que un día su mentor tomó cierta ventaja. 

Según narra 'Lucas', en una de sus reuniones Figari le ordenó que se quitara la ropa con el pretexto de que ese “era un método que aconsejaban para identificar cómo era la valoración de alguien sobre sí mismo”. 'Lucas', confiado,  accedió al pedido quedándose en ropa interior. Esto ocurrió en la casa de Figari, donde solía reunirse con sus discípulos. 

A continuación un extracto de la conversación que citan Salinas y Ugaz en su libro:

"–¿Qué sientes? –le preguntó Figari.
–Nada –respondió 'Lucas' algo extrañado.
–Bien. Ahora sácate la ropa interior.
–Bueno.
–¿Ahora, qué sientes?
–Un poco de aire –bromeó 'Lucas', para mitigar su pudor.
–¿No te sientes avergonzado? ¿Qué sientes?
–Nada –insistió Lucas.
–Bien. Ahora ven y abrázame".

Figari le habría pedido después al muchacho –según se reseña en el libro– que se echara junto a él en la cama y acto seguido le pidió nuevamente un abrazo, orden que 'Lucas' acató de forma automática:

"–Te felicito –le dijo Figari al finalizar– has pasado la prueba. Debo decirte que eres una persona con mucho autocontrol y dominio de tu sexualidad".

“Nadie imaginó que aquello sucedía en la intimidad del Sodalicio”, dice Pedro Salinas. “Es más, cuando escribí Mateo Diez el 2002 (una novela de ficción que a modo de catarsis escribió sobre su experiencia como sodálite), me buscó muchísima gente para contarme cosas del Sodalicio. De hecho, dos personas a quienes no conocía se me acercaron para contarme de abusos sexuales y comportamientos pervertidos perpetrados por Figari. Pero no les creí. Lamento que haya sido así”, cuenta el periodista. 

La crisis

A fines del 2010, Pedro Salinas recibió una llamada telefónica que gatilló su curiosidad. Su interlocutor le dijo que Luis Fernando Figari dimitiría al cargo de Superior General por “problemas de salud”. Por ese tiempo también se corría la voz de que Germán Doig, el delfín de Figari, fallecido hace diez años de un infarto, ya no podría alcanzar el título de santo. Sobre aquello se tejían dos versiones: la oficial decía que ya no sería canonizado porque no había reunido las suficientes "virtudes heroicas". La otra  señalaba que el segundo del Sodalicio, de quien se repartían estampitas con su rostro, había abusado sexualmente de tres menores.

Salinas, nuevamente, no creyó lo que oía, hasta que su interlocutor, a quien nombraremos 'Francesco', le contó con lujo de detalles que él mismo había sido una víctima de Doig al que llamaban el "sodálite por antonomasia".

"Me contó de los encuentros sexuales a los que lo indujo Germán, aprovechando su condición de director espiritual”, cuenta Salinas. 

El 2011 fue una año difícil para el Sodalicio. Sus paredes temblaron cuando las víctimas de Doig dieron sus testimonios a la prensa. Los casos se ventilaron en Diario 16, Caretas y La República. Ante la presión mediática, la institución terminó reconociendo la falta: “Dejamos en claro que estas conductas contrarias a nuestra vocación cristiana deben ser denunciadas y rechazadas con energía", señalaron en un comunicado en el que se comprometían, además, a retirar los retratos de Doig de todos sus espacios.  

"La ecuación estaba clara. –dice Salinas– ¿Acaso Figari, quien, como todos decían, tenía el don de saber lo que piensas con solo mirarte a los ojos, nunca sospechó de las conductas de Germán? ¿Acaso no sabía tampoco de las faltas del sodálite Daniel Murguía, que el 2007 había sido atrapado por la Policía en un hostal tomándole fotos a un niño a quien le había ordenado bajarse el pantalón? Murguía era muy cercano a Figari, ¿no te parece raro que el líder del Sodalicio no se haya dado cuenta y haya renunciado después de todo el escándalo?".

"¿Cuál es tu tipo?"

En Mitad monjes, mitad soldados

se reúnen treinta testimonios de ex sodálites. Los 44 años de vida del Sodalicio se narran en la voz de quienes abandonaron la comunidad hace varias décadas y quienes acaban de renunciar hace un par de años. 

'Juan' es otro ex sodálite que declara en el libro haber vivido  episodios muy vergonzosos con Figari. Dice: "Al rato Luis Fernando entró a su cuarto y sacó un par de revistas pornográficas de hombres desnudos, al abrirla en una página que tenía marcada me preguntó: "¿Te gusta este? ¿O te gusta este otro? ¿Cómo es tu tipo de hombre?". Esto sucedió durante una sesión espiritual a solas con el líder del Sodalicio; 'Juan' le había confesado previamente, y tras la insistencia de Figari, que era homosexual. 

En otra oportunidad pasó  lo siguiente: "Estábamos solos. Entró a su cuarto de donde sacó un palo. Con el rostro adusto me dijo: ¡Levántate! Puso el palo en el sofá y dijo: Ahora siéntate encima. Figari le preguntó: ¿Te gustó? Acto seguido le mostró un crucifijo". 

En el libro de Salinas se consignan tres testimonios de ex sodálites que aseguran haber sufrido abuso sexual de parte del fundador del Sodalicio. 

El 2011, las tres víctimas presentaron sus respectivas denuncias ante el Tribunal Eclesiástico del Arzobispado de Lima, institución que imparte justicia en la Iglesia Católica y que está moderada por el cardenal Juan Luis Cipriani. 

Pedro Salinas asegura que el presidente del Tribunal, el reverendo Víctor Huapaya, tiene conocimiento de estos casos. Sin embargo, hasta la fecha, el Sodalicio no ha sido notificado. Fernando Vidal, asistente de comunicaciones del Sodalicio, respondió a Domingo que no podían comentar nada del libro de Salinas hasta que este sea público. Precisó además que el Tribunal Eclesiástico no les ha notificado sobre ninguna denuncia contra Figari.

Salinas asegura que sus entrevistados están dispuestos a declarar ante un juez si fuese necesario. El silencio está por romperse. 



Pederastia de manual
Escribe: Pedro Salinas

Hay que tener cierto empaque para entrarle al tema de la pederastia. Y yo, la verdad, no creo tenerlo. Sin embargo, durante los últimos cuatro años y pico me la he pasado, durante mis ratos libres, haciendo una investigación sobre el tópico. Y claro. Por momentos he sentido la necesidad de zamparme un Gravol o cualquier otro medicamento antiemético para evitar las náuseas. Porque la literatura y las películas que abordan estos casos, así como las entrevistas con personas que han sido abusadas sexualmente siendo menores de edad, lo dejan a uno abatido anímicamente. Y psicológicamente, que también.

Acabo de terminar de ver, por ejemplo, Obediencia perfecta, una película basada en la historia del sacerdote mexicano Marcial Maciel, el peor monstruo que ha parido la iglesia católica en América Latina, quien fundó a los Legionarios de Cristo, y fue una suerte de protegido de Juan Pablo II. El otro filme que vi, de mejor factura que el anterior, fue El Bosque de Karadima, inspirado en el segundo depredador sexual más representativo de la región: el cura chileno Fernando Karadima.

Y claro. Ahora que acabo de rematar la investigación sobre Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, una institución católica de raíces peruanas, y que he realizado con el apoyo invalorable de mi amiga y colega Paola Ugaz, y de muchas otras personas que han preferido mantener sus identidades en reserva, uno no puede dejar de inferir un dato curioso. Estos tres líderes religiosos y animadores de agrupaciones cristianas exitosas, y que jamás se han conocido entre sí, cuando han querido seducir a los menores de edad que captan a través de retiros y actividades aparentemente inocentes, han usado los mismos métodos. O han empleado estrategias similares. Como si existiese un manual de pederastia clerical.

Supongo que parte de la explicación tiene que ver con el sistema de reclutamiento y formación, que implican la sustitución gradual de la familia y la destrucción de la figura paterna; con la estructura y diseño de la organización, que en los casos que aludo, han sido verticales y totalitarias; con la inoculación de ideas condimentadas de citas bíblicas que enfatizan que el máximo rigor físico, el trato vejatorio y la obediencia ciega santifican. Y así.

Otras coincidencias entre Maciel, Karadima y Figari es la obsesión de reclutar jóvenes de buena apariencia, y si provienen de familias adineradas, mejor; el culto a la personalidad que propician para que sean venerados como semidioses; diversas fórmulas de coerción psicológica. Y en ese plan.

El abuso, por cierto, no es inmediato. Las técnicas de engatusamiento pueden durar varios años. Porque el pedófilo religioso está premunido de la paciencia del cazador. Y mientras más tiernos los adeptos, los procesos de encandilamiento permiten moldearlos, con el paso del tiempo, según el modelo que persigue el pederasta confesional. Así las cosas, detrás de una agrupación católica, hipotéticamente creada para hacer el bien, puede esconderse una maquinaria perversa de dominación y sometimiento de la voluntad que puede llegar a aniquilar la individualidad y la libertad de las personas.

O como dice uno de los personajes abusados del filme sobre Karadima: “El padre no me arrebató mi libertad, sino que lo hizo de tal forma que yo se la fui entregando poco a poco”.

Y es que este tipo de depredadores sexuales eclesiales, al estilo Maciel, Karadima o Figari, “no se valieron de la violencia, sino que recurrieron a las suaves formas de la seducción basada en su carisma personal para vencer la resistencia interior de sus víctimas y finalmente lograr un consentimiento supuestamente libre. Nadie las obligó, dicen los detractores. Ignoran el inmenso poder que se puede obtener mediante la manipulación sicológica”, como anota el exsodálite Martín Scheuch en las páginas de Exitosa (7.10.2015).

Y cuando el pederasta cree que su víctima está a punto, lo testea para ver si cae y cruza la raya. Por lo menos eso es lo que se deduce del caso Figari y sus tácticas depravadas que terminaban eventualmente devorando a su presa. Como le ocurrió a Santiago (nombre ficticio), quien decidió romper su silencio.

“Cuando Figari supuestamente trató de sodomizar a Santiago por primera vez, tuvo dificultades en la penetración. En ese momento, con la frialdad de un cirujano, se detuvo, se dirigió a su mesa de noche, abrió el cajón y sustrajo de ahí un pomo de vaselina para continuar con su ritual envenenado. ‘Lo más extraño de todo es que mientras iba penetrándome pedía que me masturbara. Y algo más extraño todavía: después de todo esto me pidió que lo acompañara a misa’” (extracto de Mitad monjes, mitad soldados, el libro que presento el jueves próximo).

Y es que el abuso de poder, como en estos casos, pueden derivar en abusos sexuales a menores. Es así.

Han perdido la decencia... ha ganado la igualdad: Estado Laico kaput

Las diversas confesiones religiosas que propugnan
el proyecto de ley de igualdad religiosa aprobado ayer
en el Congreso han perdido la dignidad y la decencia
y se declaran enemigos de un Estado Laico para el Perú


A los interesados en un Estado Laico:

http://www.facebook.com/group.php?gid=115280842118

Pretendíamos que el Estado Laico promoviese la separación irrestricta de iglesias y Estado, que fuese un modo civilizado de convivencia entre los creyentes de diversos credos entre sí y entre los creyentes y no-creyentes. Pensábamos que el pretendido Estado Laico iba a ser la culminacion de un esfuerzo ético por la neutralidad, el respeto y la tolerancia mutua.

Sin embargo es evidente que el totalitarismo de las sectas religiosas se está imponiendo arteramente sobre el anhelo de construir un Estado racional, moderno y democrático para todos. El Estado que vendrá ahora será un Estado donde el avasallamiento de la libertad de conciencia mediante la persuasión coercitiva en la educación pública estará validado por el concepto torcido de "libertad religiosa". La "libertad religiosa", como dijo un visionario, es la libertad de los ignorantes, es la necesidad de mantenerse en el oscurantismo disfrazando la ignorancia cual si fuese un "derecho humano".

Estamos al filo de permitir que nuestra patria se convierta en el paraíso de las sectas donde cualquier grupo religioso, ahora con condición de ente jurídico público, tenga la prerrogativa de usufructuar de nuestos impuestos y del patrimonio nacional, para el enriquecimiento particular de sus líderes.

Ahora quieren que veamos impasibles cómo se estabecen concordatos ya no solamente con la iglesia católica sino con cuanto grupete oscurantista y medieval quiera succionar de la mamadera del Estado Peruano. A diferencia del costoso avance de la laicidad logrado en varios países de la comunidad europea en el Perú vamos caminando raudamente al medioevo mediante el financiamiento y la subvención de las irracionalidades que promueve este proyecto de ley.

Ahora quieren que los bienes mal obtenidos sean "inembargables". En otras palabras, quieren la impunidad cuando sean acusados por cualquier delito que pudiesen cometer. La bancarrota de la iglesia católica estadounidense por los cargos de pederastia clerical no hubiese sido posible si sus bienes hubiesen sido declarados previamente "inembargables".

Ahora ya tampoco quieren pagar impuestos a la renta, alcabala, predial ni propiedad vehicular. Ahora ya no quieren bailar con su propio pañuelo. Ahora también quieren ser las sanguijuelas religiosas del Estado Peruano. Bonito ejemplo el de la iglesia católica.

Está en nuestras manos el elevar nuestra enérgica protesta y utilizar todos los foros de discusión posibles para lograr una conciencia corporativa e intentar evitar un retroceso monumental de nuestra sociedad a estadíos primitivos de religiosidad, irracionalidad y fundamentalismo.

Héctor Guillén Tamayo
03.07.09