Buscar en este blog

Cargando...

domingo 14 de agosto de 2011

Chile: Karadima, el señor de los infiernos


Karadima, el señor de los infiernos

Un libro de lectura impostergable 
en el Perú
Categorias: Libros
Por: Macarena Figueroa
La investigación periodística realizada por María Olivia Mönckeberg (Premio Nacional de Periodismo, 2009) es el eslabón que faltaba para comprender de manera más profunda y reflexiva la descarnada red de manipulación y abuso que crecía tras la fachada de santidad de la parroquia El Bosque. Si bien, es habitual pensar que las imágenes siempre logran impactar más que las palabras y que difícilmente otro registro podría igualar en emotividad al testimonio entregado por las víctimas del “caso Karadima” en televisión y radio, este libro comprueba algo diferente. La experiencia de lectura es más pausada y está vinculada a lo íntimo. Se trata de un recorrido solitario a través de este mundo construido por la autora en base a información que hasta el momento no se había considerado lo suficiente: el cambio de posición de algunos detractores iniciales, testimonios no solo de las víctimas, sino que de  familiares (inclusive, del victimario) y acertados diálogos con especialistas para entender el tema del abuso sexual y la configuración de la mente de un perverso.
“Chile está tejido con vergüenza, sobre todo en los estratos sociales que se sienten más aristocráticos”, señala José Andrés Murillo en uno de los capítulos del libro dedicado a él, en que explica cómo ha logrado “reciclar” su experiencia de abuso para ayudar a las demás personas a que tomen conciencia al respecto. La frase es uno de los tantos chispazos de lucidez que iluminan estas páginas, principalmente porque detrás de la aparente simpleza del enunciado reside uno de los mayores agravantes del caso: “la vergüenza” que deriva en el “encubrimiento” de este círculo vicioso y en un afán seudoinconsciente de negación. La principal estrategia que usaba Karadima para ejercer poder sobre los jóvenes que frecuentaban la parroquia era el sometimiento a lo homogéneo, es decir, a la unificación en todo aspecto (modo de vestir, de actuar y de pensar) según su propio criterio, para que los rasgos singulares de cada uno se fueran debilitando lentamente hasta desaparecer. Una vez que el pasado afectivo e ideológico de un ser humano se anula, es muy fácil crear una nueva moralidad regida por la persona que tiene el mando. “Él crea un nuevo mundo, una nueva cultura, una nueva realidad. Y es una realidad totalmente centrada en él”, explica James Hamilton. Y dentro de este espacio tan fuertemente gobernado por “un santo” —como llamaban algunos a Karadima—, el hecho de romper la norma, contradecir, pensar o actuar de forma diferente constituía un motivo de vergüenza y denigración, por estar fuera del nuevo orden y de lo que se ha instaurado como El Bien.
Esto explica por qué los límites de un abuso sexual o sicológico son, la mayoría de las veces, tan difíciles de fijar y también, por qué la víctima tarda tanto en darse cuenta de que es solo una víctima y no un cómplice o un culpable. En este sentido, resulta desgarrador el testimonio de Hamilton —quien fue, además, el que dio el puntapié inicial para que este libro se escribiera. Su claridad respecto de lo que ocurrió en El Bosque demuestra que nunca es tarde para reconocer un abuso y que el silencio que se acumula día a día en relación a este tema contribuye a que se geste una sociedad ideologizada y enferma, que respalda crímenes sin saberlo.
Otros aspectos que se desarrollan en el libro, y que están por fuera del abuso sexual propiamente tal, se relacionan con la personalidad ambivalente de Karadima. Se le describe como un hombre con una capacidad extraordinaria de infundir respeto y admiración, la mayoría de las veces sin tener mayor mérito que la aureola de “poder y santidad” que lo rodeaba. Machista acérrimo, precario intelectualmente, clasista y nada empático, el padre Fernando queda expuesto como un sacerdote alejado de los verdaderos valores cristianos, pero muy cercano al lujo, a la opulencia y a la frivolidad. En relación con esto, genera estupor el capítulo titulado “Juan Carlos y el tejado de vidrio”, en el que el exmiembro de la Acción Católica revela cómo Karadima lo manipulaba con sus secretos de confesión de un modo tan maquiavélico que terminó por enfermarlo y volverlo un joven abúlico y vulnerable.
A través de cinco testimonios que sirven de eje fundamental —el de James Hamilton, Luis Lira, José Andrés Murillo, Juan Carlos Cruz y Fernando Batlle—, entrelazados con los datos propios de la investigación periodística, Karadima, el señor de los infiernospasa a ser mucho más que un mero libro informativo acerca del caso en cuestión. La madurez y claridad del discurso de las víctimas, su veracidad y entrega hacen de este un verdadero testamento de dolor y aprendizaje humano, que deja una esperanza en el lector anónimo.
Karadima, el señor de los infiernos
María Olivia Mönckeberg
Debate, Santiago, 2011

Instituto de la Comunicación e Imagen

Lanzamiento del libro de María Olivia Mönckeberg

"Karadima, El señor de los infiernos" reafirma el compromiso del periodismo de investigación con la fiscalización del poder

James Hamilton tomó la palabra para agradecer al público.
James Hamilton tomó la palabra para agradecer al público.
María Olivia Mönckeberg junto al sacerdote jesuita Marcelo Gidi.
El centro cultural Gabriela Mistral reunió a periodistas, académicos, estudiantes y público en general en la presentación de ésta, su última investigación.
El libro fue presentado por la prof. Faride Zerán, Premio Nacional de Periodismo 2007, Marcelo Gidi, sacerdote jesuita y el periodista Fernando Paulsen.
En su intervención, la prof. Faride Zerán reafirmó los valores intrínsecos del periodismo y el rol que debe cumplir hacia los poderes oficiales y fácticos del Estado. "Es papel de los periodistas fiscalizar a cada uno de los poderes y enfrentarse a ellos, porque periodismo es todo aquello que el poder quiere ocultar. El resto es relaciones públicas" recordó la profesora del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile.
La prof. Zerán, además destacó que "Karadima, el señor de los infiernos" es el libro más personal que ha escrito María Olivia Mönckeberg, quien tiene larga trayectoria investigando a los grupos económicos, el Opus Dei o los poderes mediáticos. En el libro, afirma la prof. Zerán, Mönckeberg va deshilvanando "la trama que esconde la basura bajo Karadima, la Iglesia El Bosque o la Pía Unión. Ellos han ocultado por décadas a su propia Colonia Dignidad", señaló.

La autora del libro, María Olivia Mönckeberg, quien además es Directora del ICEI, agradeció a todos los que hicieron posible el libro en sus distintas etapas. Además compartió dos claves que, a su parecer, son puntales del periodismo de investigación. "Para que un trabajo llegue a puerto, tiene que haber obsesión y pasión y también es imprescindible no silenciarse ante el abuso y la dominación", apuntó la periodista.

A su juicio, uno de los principales aprendizajes de su investigación es la relevancia del rol de las universidades, para que el tema del abuso salga del espacio privado y se convierta al debate público. En este contexto, relevó el papel de los estudiantes, "que deben estar atentos para aportar en un debate reflexivo, donde estos temas ocupen un lugar central, primero en la agenda académica y luego en las políticas públicas. Hoy es el momento de enfrentar todo contra viento y marea porque ya sabemos cómo se hace".

En el lanzamiento del libro tres de los cuatro denunciantes del caso Karadima- y cuyos testimonios se recogen en la publicación- pidieron la palabra para compartir sus reflexiones con el público.

Han perdido la decencia... ha ganado la igualdad: Estado Laico kaput

Las diversas confesiones religiosas que propugnan
el proyecto de ley de igualdad religiosa aprobado ayer
en el Congreso han perdido la dignidad y la decencia
y se declaran enemigos de un Estado Laico para el Perú


A los interesados en un Estado Laico:

http://www.facebook.com/group.php?gid=115280842118

Pretendíamos que el Estado Laico promoviese la separación irrestricta de iglesias y Estado, que fuese un modo civilizado de convivencia entre los creyentes de diversos credos entre sí y entre los creyentes y no-creyentes. Pensábamos que el pretendido Estado Laico iba a ser la culminacion de un esfuerzo ético por la neutralidad, el respeto y la tolerancia mutua.

Sin embargo es evidente que el totalitarismo de las sectas religiosas se está imponiendo arteramente sobre el anhelo de construir un Estado racional, moderno y democrático para todos. El Estado que vendrá ahora será un Estado donde el avasallamiento de la libertad de conciencia mediante la persuasión coercitiva en la educación pública estará validado por el concepto torcido de "libertad religiosa". La "libertad religiosa", como dijo un visionario, es la libertad de los ignorantes, es la necesidad de mantenerse en el oscurantismo disfrazando la ignorancia cual si fuese un "derecho humano".

Estamos al filo de permitir que nuestra patria se convierta en el paraíso de las sectas donde cualquier grupo religioso, ahora con condición de ente jurídico público, tenga la prerrogativa de usufructuar de nuestos impuestos y del patrimonio nacional, para el enriquecimiento particular de sus líderes.

Ahora quieren que veamos impasibles cómo se estabecen concordatos ya no solamente con la iglesia católica sino con cuanto grupete oscurantista y medieval quiera succionar de la mamadera del Estado Peruano. A diferencia del costoso avance de la laicidad logrado en varios países de la comunidad europea en el Perú vamos caminando raudamente al medioevo mediante el financiamiento y la subvención de las irracionalidades que promueve este proyecto de ley.

Ahora quieren que los bienes mal obtenidos sean "inembargables". En otras palabras, quieren la impunidad cuando sean acusados por cualquier delito que pudiesen cometer. La bancarrota de la iglesia católica estadounidense por los cargos de pederastia clerical no hubiese sido posible si sus bienes hubiesen sido declarados previamente "inembargables".

Ahora ya tampoco quieren pagar impuestos a la renta, alcabala, predial ni propiedad vehicular. Ahora ya no quieren bailar con su propio pañuelo. Ahora también quieren ser las sanguijuelas religiosas del Estado Peruano. Bonito ejemplo el de la iglesia católica.

Está en nuestras manos el elevar nuestra enérgica protesta y utilizar todos los foros de discusión posibles para lograr una conciencia corporativa e intentar evitar un retroceso monumental de nuestra sociedad a estadíos primitivos de religiosidad, irracionalidad y fundamentalismo.

Héctor Guillén Tamayo
03.07.09