Karadima, el señor de los infiernos
Un libro de lectura impostergable
en el Perú
Categorias: Libros
Por: Macarena Figueroa
La investigación periodística realizada por María Olivia Mönckeberg (Premio Nacional de Periodismo, 2009) es el eslabón que faltaba para comprender de manera más profunda y reflexiva la descarnada red de manipulación y abuso que crecía tras la fachada de santidad de la parroquia El Bosque. Si bien, es habitual pensar que las imágenes siempre logran impactar más que las palabras y que difícilmente otro registro podría igualar en emotividad al testimonio entregado por las víctimas del “caso Karadima” en televisión y radio, este libro comprueba algo diferente. La experiencia de lectura es más pausada y está vinculada a lo íntimo. Se trata de un recorrido solitario a través de este mundo construido por la autora en base a información que hasta el momento no se había considerado lo suficiente: el cambio de posición de algunos detractores iniciales, testimonios no solo de las víctimas, sino que de familiares (inclusive, del victimario) y acertados diálogos con especialistas para entender el tema del abuso sexual y la configuración de la mente de un perverso.
“Chile está tejido con vergüenza, sobre todo en los estratos sociales que se sienten más aristocráticos”, señala José Andrés Murillo en uno de los capítulos del libro dedicado a él, en que explica cómo ha logrado “reciclar” su experiencia de abuso para ayudar a las demás personas a que tomen conciencia al respecto. La frase es uno de los tantos chispazos de lucidez que iluminan estas páginas, principalmente porque detrás de la aparente simpleza del enunciado reside uno de los mayores agravantes del caso: “la vergüenza” que deriva en el “encubrimiento” de este círculo vicioso y en un afán seudoinconsciente de negación. La principal estrategia que usaba Karadima para ejercer poder sobre los jóvenes que frecuentaban la parroquia era el sometimiento a lo homogéneo, es decir, a la unificación en todo aspecto (modo de vestir, de actuar y de pensar) según su propio criterio, para que los rasgos singulares de cada uno se fueran debilitando lentamente hasta desaparecer. Una vez que el pasado afectivo e ideológico de un ser humano se anula, es muy fácil crear una nueva moralidad regida por la persona que tiene el mando. “Él crea un nuevo mundo, una nueva cultura, una nueva realidad. Y es una realidad totalmente centrada en él”, explica James Hamilton. Y dentro de este espacio tan fuertemente gobernado por “un santo” —como llamaban algunos a Karadima—, el hecho de romper la norma, contradecir, pensar o actuar de forma diferente constituía un motivo de vergüenza y denigración, por estar fuera del nuevo orden y de lo que se ha instaurado como El Bien.
Esto explica por qué los límites de un abuso sexual o sicológico son, la mayoría de las veces, tan difíciles de fijar y también, por qué la víctima tarda tanto en darse cuenta de que es solo una víctima y no un cómplice o un culpable. En este sentido, resulta desgarrador el testimonio de Hamilton —quien fue, además, el que dio el puntapié inicial para que este libro se escribiera. Su claridad respecto de lo que ocurrió en El Bosque demuestra que nunca es tarde para reconocer un abuso y que el silencio que se acumula día a día en relación a este tema contribuye a que se geste una sociedad ideologizada y enferma, que respalda crímenes sin saberlo.
Otros aspectos que se desarrollan en el libro, y que están por fuera del abuso sexual propiamente tal, se relacionan con la personalidad ambivalente de Karadima. Se le describe como un hombre con una capacidad extraordinaria de infundir respeto y admiración, la mayoría de las veces sin tener mayor mérito que la aureola de “poder y santidad” que lo rodeaba. Machista acérrimo, precario intelectualmente, clasista y nada empático, el padre Fernando queda expuesto como un sacerdote alejado de los verdaderos valores cristianos, pero muy cercano al lujo, a la opulencia y a la frivolidad. En relación con esto, genera estupor el capítulo titulado “Juan Carlos y el tejado de vidrio”, en el que el exmiembro de la Acción Católica revela cómo Karadima lo manipulaba con sus secretos de confesión de un modo tan maquiavélico que terminó por enfermarlo y volverlo un joven abúlico y vulnerable.
A través de cinco testimonios que sirven de eje fundamental —el de James Hamilton, Luis Lira, José Andrés Murillo, Juan Carlos Cruz y Fernando Batlle—, entrelazados con los datos propios de la investigación periodística, Karadima, el señor de los infiernospasa a ser mucho más que un mero libro informativo acerca del caso en cuestión. La madurez y claridad del discurso de las víctimas, su veracidad y entrega hacen de este un verdadero testamento de dolor y aprendizaje humano, que deja una esperanza en el lector anónimo.
Karadima, el señor de los infiernos
Debate, Santiago, 2011
Instituto de la Comunicación e Imagen
Lanzamiento del libro de María Olivia Mönckeberg
"Karadima, El señor de los infiernos" reafirma el compromiso del periodismo de investigación con la fiscalización del poder
James Hamilton tomó la palabra para agradecer al público.
María Olivia Mönckeberg junto al sacerdote jesuita Marcelo Gidi.
El centro cultural Gabriela Mistral reunió a periodistas, académicos, estudiantes y público en general en la presentación de ésta, su última investigación.
El libro fue presentado por la prof. Faride Zerán, Premio Nacional de Periodismo 2007, Marcelo Gidi, sacerdote jesuita y el periodista Fernando Paulsen.
En su intervención, la prof. Faride Zerán reafirmó los valores intrínsecos del periodismo y el rol que debe cumplir hacia los poderes oficiales y fácticos del Estado. "Es papel de los periodistas fiscalizar a cada uno de los poderes y enfrentarse a ellos, porque periodismo es todo aquello que el poder quiere ocultar. El resto es relaciones públicas" recordó la profesora del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile.
