AIS - Cono Sur

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Argentina - Chile - Perú

por Herbert Mujica Rojas

14-2-2002


Hay sectas cuyo accionar provoca un profundo daño en la sociedad, lo cual aún no ha sido materia del estudio imprescindible de quienes se jactan de “analistas” y “exégetas” de la realidad social. Por el flagrante desconocimiento del problema sectario en el Perú tenemos la obligación de promover el abordaje de esta problemática entre los periodistas, sociólogos, antropólogos, médicos, psiquiatras, psicólogos, abogados y demás profesionales involucrados y comprometidos con el desarrollo democrático del país y dispuestos a condenar cualquier acto que viole los derechos humanos de toda persona y, en especial, su derecho a la libertad de consciencia.

Este trabajo, producto de múltiples horas de trabajo en Lima, Arequipa y otras partes del país y Latinoamérica pretende cumplir un papel pedagógico al denunciar al Sodalitium Christianae Vitae, grupo fascista por convicción y temperamento, y su cancerosa acción al interior de la sociedad peruana. Puédese discrepar de él, de pronto suscita opiniones violentamente contrarias, pero lo que sí va a ser imposible es ignorarlo.

Pocos meses atrás en El totalitarismo católico en el Perú, tesis que en su edición príncipe incluyó menciones a las baladronadas que acostumbra impulsar el Sodalitium, denunciamos cómo, a partir del Concordato, vínculo internacional no sancionado por ningún Congreso, la Iglesia Católica vive a expensas del no pago de tributos y además de los miles de dólares que sus principales funcionarios se embolsican cada mes, sin trabajar, sin merecerlo y en una constante expoliación del pueblo peruano, que no tiene cuando terminar porque se hace en nombre de una “fe” tradicional y que en realidad ha constituido la continuación de un robo que ya supera los 500 años de permanencia insolente en el país. Este mismo Concordato es el que, amparando a la Iglesia Católica, favorece legalmente el expansionismo sodálite y es el que utiliza esta secta para proteger sus inversiones.

Lea pues, amigo lector, estas procelosas páginas con ojos críticos, compulse fuentes, acuda a testimonios, revise materiales, proponga una refutación científica, orgánica. A una idea se la combate con otra. Al sectarismo difundido por el Sodalitium le denunciamos en la comisión de múltiples actividades que son fácilmente comprobables en diarios y publicaciones. A las sectas hay que enfrentarlas con decisión y valentía indómitas. El fanático sabe que cuando tiene a adversarios de ese jaez sólo tiene una opción: luchar o morir. Y puedo anunciar, sin jactancia, pero premunido de la verdad verdadera, que habemos muchos dispuestos a erradicar la presencia de estos disociadores y su prédica retrógrada, exaltadora de principios antidemocráticos y profundamente racistas.

05-abril-2016

26.10.15

AméricaTV, Cuarto Poder: Sodalicio, surgen más denuncias de ex-integrantes por abuso sexual (vídeos)



- Vídeo 1: minuto 13:48 aprox. aparece el Dr. Héctor Guillén Tamayo, miembro fundador de AIS-Cono Sur:
http://www.americatv.com.pe/cuarto-poder/reportaje/sodalicio-surgen-mas-denuncias-exintegrantes-abuso-sexual-noticia-35095?ref=ivmv

- Vídeo 2:
http://www.americatv.com.pe/cuarto-poder/reportaje/sodalicio-surgen-mas-denuncias-exintegrantes-abuso-sexual-noticia-35095

¿Cuál es el destino judicial y eclesiástico de estas denuncias y del mismo Luis Fernando Figari, hoy de retiro espiritual en Roma?
Nuevos testimonios de ex miembros del Sodalicio de Vida Cristiana confirman los abusos y daños irreparables que sufrieron jóvenes por parte del fundador y líder de esta congregación, Luis Fernando Figari Rodrigo, así como de otros líderes espirituales de esa organización.
“En el año 1991 previamente a ingresar a la comunidad, Luis Fernando Figari se aparece una madrugada y nos dice quítense la ropa y quédense en calzoncillos y recuerdo a alguien filmándonos, como en este momento”, reveló a Cuarto Poder el exsodalite Oscar Osterling.
Una cadena de abusos psicológicos, físicos y hasta sexuales que se inician con técnicas de manipulación en la que un adolescente pierde su identidad, el derecho a tener ideas propias, reprimir su sexualidad y practicar la obediencia absoluta hacia su líder en nombre de Dios.
Oscar Osterling formó parte del Sodalicio durante dos décadas. Entregó los mejores años de su vida al servicio de esa congregación católica ultraconservadora.
Pero el 2011 decidió salirse de ella cansado de los maltratos psicológicos a los que fue sometido en los últimos cuatros años. El Sodalicio lo castigó y lo envío a Colombia contra su voluntad, por una falta que ellos consideraron muy grave: haberse enamorado de una chica.
“No llego a nada sencillamente había una amistad. A mí me marcó muchísimo. Fue un abuso de autoridad, querían que a través de los test proyectivos apareciera algo. Ellos me decían tú vas a hacer los que diga Luis Fernando”, indicó.
Años después, Osterling denunció estos hechos ante el Tribunal Eclesiástico y se entrevistó con su presidente, el sacerdote Víctor Huapaya.
“Fui a hablar con el padre Huapaya y me dice que no han avanzado nada. Yo ya envíe las denuncias a Roma hace tiempo y me dice que cree que hay alguien en Roma del Sodalicio atajando las denuncias, se refería al Procurador”, recordó.
También denunció prácticas ilegales del Sodalicio, como la vulneración del secreto de sus comunicaciones. En el libro de Pedro Salinas también se hace referencia a la intervención de la correspondencia de los que vivían en comunidad.
Pero de acuerdo a los testimonios brindados por exsodálites, Luis Fernando Figari no sería el único que habría practicado la pederastia al interior de esa organización.
El ya fallecido German Doig, el llamado vicario del Sodalicio y quien fuera en su momento el número dos de esa comunidad, también fue acusado de violación por tres de sus víctimas y esto provocó que su trámite de beatificación iniciado en Roma se paralice.
También otros dos sodálites consagrados muy allegados a Luis Fernando Figari fueron acusados por el mismo delito: violación. Daniel Beltrán Murguía Ward y Jeffrey Daniels.

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SPOTLIGT: la historia real

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Fin de la Portada

martes, 15 de marzo de 2016

SPOTLIGHT - La historia original


El primer reportaje publicado en la edición dominical del diario The Boston Globe, 2002.
El primer reportaje publicado en la edición dominical del diario The Boston Globe, 2002.
A veces a los periodistas se nos presenta el gran destape como un elefante frente a los ojos y no nos damos cuenta.
Le sucedió al jefe de equipo de investigación del periódico The Boston Globe, Walter Robinson. El 29 de julio de 2001, bajo el título de “Tirándose la pelota”, la columnista Eileen McNamara cuestionaba que una serie de denuncias de violación sexual de niños presentadas contra el sacerdote John Geoghan, no avanzaban en los tribunales porque el cardenal John Law había logrado judicialmente que nadie tuviera acceso a los documentos de la Iglesia que eran fundamentales para sustentar las acusaciones. Al día siguiente, el 30 de julio, cuando el nuevo editor general, Martin Baron, le preguntó a Robinson si seguía el caso al que se refería McNamara, contestó con arrogancia que Spotlight -que era como se llamaba el colectivo de reporteros de investigación-, no trabajaba temas que se publicaban en columnas de opinión.

El editor general de The Boston Globe, Martin Baron.
El editor general de The Boston Globe, Martin Baron.

Al notar el desprecio de Robinson por el asunto, Baron le ordenó dos cosas: primero, averiguar quiénes eran los acusadores y los acusados, y, segundo, que posibilidad existía de romper el secretismo que resguardaba los archivos de la Iglesia de Boston sobre los clérigos abusadores de niños. Casi medio año después, el seis de enero de 2002, apareció el primero de 20 reportajes de investigación de Spotlight que dejaron en evidencia la complicidad de la jerarquía eclesiástica para ocultar a los curas violadores, que se aprovechaban de su condición religiosa para acercarse a sus víctimas y someterlas al silencio.
Durante las indagaciones varias fuentes de los reporteros afirmaron que hacía poco tiempo que habían entregado a The Boston Globe testimonios y documentos y el diario no publicó nada. Robinson reconocería que cuando estaba en otra sección del periódico recibió información sobre el caso, pero que no le dio mucha importancia. Por eso, resultó una verdadera ironía que Robinson, a quien se le había presentado el destape como un elefante frente a los ojos y no se había dado cuenta, recogiera el premio Pulitzer que obtuvo el equipo que dirigía por la extraordinaria cobertura que remeció a los católicos del mundo.

El jefe del equipo de investigación, Walter Robinson.
El jefe del equipo de investigación, Spotlight, Walter Robinson.

La película de Tom McCarthy, que lleva como título el nombre del equipo de investigación, Spotlight, es la historia de lo que ocurre entre la primera reunión entre Baron y Robinson y la aparición del primer reportaje. Culmina cuando aparece la primera plana de The Boston Globe, que dice: “Por años la Iglesia consintió las violaciones de los sacerdotes”. Retrata la obsesión de los reporteros por romper la prohibición al acceso a los documentos eclesiásticos, la búsqueda intensa de las víctimas de los curas depredadores sexuales, la excavación en los archivos para detectar los patrones de encubrimiento de la jerarquía eclesiástica y la persistencia por conseguir una declaración oficial del cardenal Bernard Law sobre su papel en los episodios criminales.
El gran desafío de los periodistas que firmaron el primer reportaje publicado -Matt Carroll, Sacha Pfeiffer, Michael Rezendes y Walter Robinson-, fue documentar los hechos para evitar los desmentidos de la poderosa Iglesia de Boston que amenazó con la cárcel a los reporteros si publicaban cualquier palabra tomada de los expedientes judiciales considerados secretos. Como un crimen es de interés público, más aún si las víctimas son niños, los editores decidieron continuar. Carroll se encargó de organizar un banco de datos que identificaba a los curas abusadores; Pfeiffer se ocupó de recoger los testimonios de las víctimas y de testigos; Rezendes se dedicó a obtener los documentos embargados; y Robinson tuvo la misión de organizar todo el material informativo y construir las historias.
Si bien la película atrapa durante todo el tiempo, sin embargo deja al final una viva curiosidad por saber qué es lo que se publicó en el primer reportaje del seis de enero de 2002. O, mejor dicho, cómo era el elefante que se paseó ante los ojos de Robinson sin que este se diera cuenta. A continuación publicamos una versión de la primera entrega.


Boston

Por años la Iglesia consintió las violaciones de los sacerdotes 

No obstante los antecedentes, la Arquidiócesis de Boston  los transfirió de una parroquia a otra.
El sacerdote George Geoghan, a quien la jerarquía de la Iglesia lo protegió a pesar de las denuncias de abuso sexual.
El sacerdote George Geoghan, a quien la jerarquía de la Iglesia lo protegió a pesar de las denuncias de abuso sexual.

Por Matt Carroll, Sacha Pfeiffer, and Michael Rezendes; y el editor Walter V. Robinson.
Desde mediados de los años 90, más de 130 personas presentaron espantosos testimonios relacionado a las épocas de su infancia en las que el ex sacerdote John J. Geoghan supuestamente las acariciaba o abusaba sexualmente durante  las tres décadas en la que recorrió una media docena de parroquias de Boston donde cumplió servicio religioso.
Casi siempre las víctimas de Geoghan eran niños de escuelas primarias. Uno tenía cuatro años de edad.
En julio de 2002, se reveló que el cardenal de Boston, Bernard F. Law, sabía de los problemas de Geoghan desde 1984, el año en que inició su mandato como autoridad eclesiástica, y que aprobó la transferencia del sacerdote a la parroquia de Santa Julia, en Weston. El abogado de Law, Wilson D. Rogers Jr., defendió la decisión del cardenal bajo el argumento de que la Arquidiócesis se basó en razones médicas para transferir a Geoghan “de manera apropiada y segura”
Pero uno de los obispos del cardenal Law consideró que la reasignación de Geoghan a la parroquia Santa Julia en 1984, era un riesgo y se lo hizo saber mediante una carta de protesta. Y existía una buena razón, como lo ha conseguido descubrir el equipo de investigación Spotlight del The Boston Globe (The Globe, en adelante): la arquidiócesis contaba con suficiente evidencia  sobre los hábitos sexuales depredadores de Geoghan. Por ejemplo, una declaración que el sacerdote hizo en 1980, respecto al repetido abuso sexual de siete niños pertenecientes a una familia extensa, lo que no consideró un “serio problema”, según los archivos de la Arquidiócesis.

El obispo de Boston, Bernard Law, encubrió a los depredadores sexuales.
El obispo de Boston, Bernard Law, encubrió a los depredadores sexuales.

La transferencia a la parroquia de Santa Julia resultó desastrosa. Primero, a Geoghan le encargaron tres grupos de jóvenes, incluidos los monaguillos. En 1989, fue forzado a retirarse por supuesta enfermedad luego de nuevas acusaciones de abuso sexual y fue enviado a dos instituciones de tratamiento de sacerdotes que cometen asaltos sexuales.
No obstante estos hechos, la arquidiócesis retornó a Geoghan a la parroquia de Santa Julia, donde el sacerdote abusó de más niños durante tres años.
Ahora que Geoghan enfrentará el primero de dos procesos criminales, y los detalles de su compulsión sexual serán ampliamente expuestos, estos podrían eclipsar una pregunta que perturba a los católicos: ¿Por qué tres cardenales y varios obispos tardaron 34 años en poner a los niños fuera del alcance de Geoghan?
Donna Morrissey, vocera del cardenal, manifestó que ni él ni ninguna otra autoridad de la Iglesia responderían a las preguntas sobre Geoghan. Morrissey precisó que la Iglesia no tenía ningún interés en saber cuáles eran las preguntas de The Globe.
Antes que Geoghan llegara a Weston en 1984, había recibido tratamiento varias veces y fue hospitalizado al menos en una ocasión por abusar sexualmente de los niños. Además, había sido destituido de dos parroquias por perpetrar los mismos delitos.  En 1980, por ejemplo, fue expectorado de la parroquia de San Andrés, en Jamaica Plain, luego de haber aceptado libremente que violó a siete niños.
En 1981, luego de completar una licencia de un año por enfermedad, Geoghan fue asignado a la parroquia de Brendan, Dorchester, con pocas posibilidades de que fuera fiscalizado en dicho lugar: su superior durante la mayor parte de los tres años en los que estuvo en esa parroquia, el reverendo James H. Lane, confesó a sus amigos que nunca le advirtieron de queGeoghan tenía antecedentes de abuso sexual.
En 1984, acusaciones contra Geoghan de haber abusado de niños en la parroquia de Dorchester obligó al cardenal Law a retirarlo del lugar. Dos meses después, el propio Law lo reubicó en la parroquia de Santa Julia.
El cardenal Law consintió que Geoghan residiera en Weston durante más de ocho años antes de retirarlo del servicio parroquial, en 1993. Sin embargo, incluso la medida de transferir a Geoghan como funcionario en un hospicio para sacerdotes retirados, no le impidió buscar y abusar sexualmente de los niños, de acuerdo con las múltiples demandas civiles y penales contra el sacerdote Geoghan, de 66 años.
Hasta que en 1998, finalmente, la Iglesia apartó a Geoghan del sacerdocio.
Cada vez que lo acusaban de violaciones sexuales, los superiores trasladaban al cura John Geoghan a otra parroquia, donde repitió los delitos.
Cada vez que lo acusaban de violaciones sexuales, los superiores trasladaban al cura John Geoghan a otra parroquia, donde repetía los delitos.

El abogado defensor de Geoghan, Geoffrey Packard, afirmó que su cliente no haría ningún comentario respecto a cualquiera de las acusaciones en su contra. El primer juicio a Geoghan por asalto sexual está previsto para el 14 de enero de 2003 ante la Corte Superior de Middlesex. Un conjunto de imputaciones más graves será ventilado en la Corte Superior de Suffolk, a fines de febrero. Ante las demandas civiles Geoghan no ha acreditado abogado y no ha respondido a las acusaciones.
El argumento legal de la Iglesia, c0mo dio a entender Rogers en julio último, es que los médicos consideraron que Geoghan se había rehabilitado. Copias de los archivos de la Iglesia conseguidos por The Globe señalan que Geoghan fue asignado a la parroquia de Santa Julia luego de haber sido dado de alta, pero él ya tenía un mes en el lugar.
En 1984, todavía había médicos que creían que los abusadores sexuales de niños podían ser curados. Sin embargo, desde hacía tiempo otros especialistas advirtieron a los obispos católicos sobre el alto riesgo que representaban los sacerdotes que habían abusado de los menores porque podían repetir sus ataques en otras víctimas.
Es más, los expertos en abuso sexual de niños, y los abogados que han representado a las víctimas, manifestaron que en 1984 debió ser evidente para la Arquidiócesis que alguien con los antecedentes de Geoghan como reincidente violador sexual, no debió haber sido reasignado a una parroquia.
“En lo que respecta a Geoghan, la Iglesia desafió sus más básicos valores de protección a los menores y de fomentar el celibato”, afirmó el ex sacerdote A. W. Richard Sipe. Psicoterapeuta y experto en abusos sexuales cometidos por miembros del clero, Sipe declaró que durante mucho tiempo se ha creído que la Iglesia Católica ha sido muy lenta para enfrentar a los sacerdotes que abusan de los niños.
El Spotlight Team, el equipo de investigación de The Globe, encontró evidencia de que un miembro del entorno del cardenal Law estuvo preocupado por los alcances del escándalo protagonizado por Geoghan en la parroquia de Santa Julia, en Weston, donde comenzó a trabajar el 13 de noviembre de 1984. Poco después, el siete de diciembre, el obispo John M. D’Arcy escribió al cardenal Law para criticar la decisión de la autoridad eclesiástica de darle otro empleo a Geoghan, no obstante “la historia de sus relaciones homosexuales con jovencitos”.

El obispo John D'Arcy protestó ante el cardenal Law porque trasladó de una parroquia a otra al sacerdote pedófilo Geoghan.
El obispo John D’Arcy protestó ante el cardenal Law porque trasladó de una parroquia a otra al sacerdote pedófilo Geoghan.

Algunas semanas después, dos médicos dieron de alta a Geoghan para que cumpliera con su misión pastoral, de acuerdo con la cronología que entregó la Arquidiócesis a las autoridades judiciales. Se puede leer: “11 de diciembre de 1984: Dr. (Robert) Mullins: Padre Geoghan ‘plenamente recuperado’. 14 de diciembre de 1984: Dr. (John H.) Brennan: “No hay contraindicaciones psiquiátricas o restricciones para su trabajo como párroco”.
En los archivos también se encuentra una conmovedora –y profética- carta al predecesor de Law, el  fallecido cardenal Humberto Medeiros, a quien escribió la tía de las siete víctimas de Geoghan en la parroquia de Jaimaica Plain, expresando incredulidad por la Iglesia de la que era devota, después de enterarse de que se le dio una nueva oportunidad a Geoghan en la parroquia de San Brendan después de lo que le había hecho a su familia.
“Al margen de lo que él diga, o de lo que afirme el médico que lo trató, no creo que se haya curado. Sus acciones demuestran claramente que no ha sanado, porque no hay seguridad de que personas con este tipo de obsesiones se curen algún día”, señaló Margaret Gallant en la carta de protesta al cardenal Medeiros.
“Me avergüenza que la Iglesia sea tan negligente”, escribió Gallant.
Los archivos de la Arquidiócesis obtenidos por The Globe dejan en claro por qué Gallant escribió su airada carta dos años después de cometidos los abusos: Geoghan reapareció en Jamaica Plain, y había sido visto con un jovencito. Al siguiente mes, alguien anotó en los documentos: “Otra carta de la señora Gallant. ¿Por qué no se está haciendo nada?”.
Desde lo ocurrido en Jamaica Plain, las autoridades de la Arquidiócesis estaban enterados de la atracción que el padre Geoghan sentía por los jovencitos y cómo elegía a sus víctimas: el afable Geoghan frecuentemente se relacionada con las madres católicas de familias numerosas que luchaban por superarse, por lo general solas. El sacerdote ofrecía su ayuda y a cambio las mujeres sin sospechar nada les entregaban a sus hijos para que fueran a tomar helado o a rezar juntos antes de dormir.
Así fue como el padre Geoghan se acercó a Patrick McSorley, de 12 años de edad, quien vivía en un proyecto de viviendas de Hyde Park. Ocurrió en 1986, dos años después que asignaran al sacerdote a Weston.
McSorley
Patrick McSorley fue violado por el sacerdote Geoghan cuando tan solo tenía 12 años de edad.
De acuerdo con McSorley, Geoghan sabía que su familia era de St. Andrew, que su padre se había suicidado y se presentó a darle sus condolencias a su madre, que sufría de esquizofrenia. El cura entonces ofreció a Patrick comprarle un helado.
“Me sentí un poco extraño cuando me lo dijo”, recordó McSorley en una entrevista: “Tenía 12 años y él era un hombre viejo”.
McSorley dijo que Geoghan lo acompañó hasta su casa luego de terminar el helado para supuestamente consolar al muchacho por la pérdida de su padre. De pronto el sacerdote comenzó a tocarle una pierna y deslizó su mano hasta la entrepierna. “Me quedé inmóvil”, relató McSorley: “No sabía qué pensar. Luego, él (Geoghan) colocó su mano en mis genitales y comenzó a masturbarme. Me quedé petrificado”. McSorley añadió que Geoghan luego se masturbó así mismo.
Cuando Geoghan dejó a un choqueado McSorlen fuera de la casa de su madre, le pidió que mantuviera en secreto lo que había sucedido. “Me dijo: ‘Estaremos muy bien si guardamos los secretos’”, declaró McSorlen.
Por muchos años McSorley luchó contra el alcoholismo y la depresión. Ahora es uno de los firmantes de la demanda contra Geoghan. McSorley está mortificado. “Enterarme después que la Iglesia católica sabía que (Geoghan) molestaba a los niños, cada día me amarga más y más”, afirmó McSorley.
Muchos documentos están embargados
Las cartas del obispo D’Arcy y Margaret Gallant fueron algunos de los documentos que encontró The Globe durante la revisión de los archivos públicos de las 84 demandas civiles contra Geoghan pendientes de resolución. A pesar de la notoriedad del caso de Geoghan, los archivos públicos sobre este son llamativamente pobres. Esto se explica porque casi todas las evidencias sobre la supervisión de la Iglesia respecto a Geoghan, se mantiene bajo confidencialidad por mandato judicial otorgada a petición de los abogados del Arzobispado.
En noviembre (de 2001), en respuesta a un requerimiento de The Globe, la jueza del Tribunal Superior, Constance Sweeney, ordenó que dichos documentos fueran públicos. Sin embargo, el Arzobispado se opuso a la decisión judicial ante la Corte de Apelaciones del Estado, con el argumento de que The Globe –y el público- no deben tener acceso a documentos sobre el funcionamiento interno de la Iglesia. La apelación fue rechazada al mes siguiente. Los documentos, que contienen las declaraciones de los obispos y archivos personales de varios implicados, serán públicos desde el 26 de enero (de 2002).

La jueza Constance M. Sweeney ledio la razón a los periodistas y levantó la prohibición de acceso a los documentos de la Iglesia.
La jueza Constance M. Sweeney ledio la razón a los periodistas y levantó la prohibición de acceso a los documentos de la Iglesia.

El cardenal y cinco obispos que supervisaron a Goerghan a través de los años han sido acusados de negligencia en muchas demandas civiles que alegan que estos sabían de los abusos del sacerdote y no hicieron nada para detenerlo. Nunca antes tantos obispos tuvieron que defender su papel en un caso judicial contra un solo sacerdote acusado de abusos sexuales. Los cinco obispos, quienes fueron designados para dirigir sus propias diócesis desde que se conocieron los hechos, son Thomas V. Daily, de Brooklyn, Nueva York; Robet J. Bancos, de Green Bay, Wisconsin; William F. Murphy, de Rockville Center, Nueva York; John B. McCormack, de Manchester, New Hampshire; y Alfred C. Hughes, de New Orleans. El cardenal Law y los cinco obispos negaron todas las acusaciones, según los expedientes judiciales.
Ninguna diócesis de los Estados Unidos se ha enfrentado a un escándalo de dimensiones parecidas desde 1992. En ese año, en la diócesis de Fall River, donde ex sacerdote James Porter abusó de más de cien menores, se hizo pública la evidencia de que los superiores del acusado –incluyendo en los años 60, el entonces monseñor Medeiros-, lo cambiaban una y otra vez de parroquia cada vez que los padres de familia se enteraban de que se trataba de un abusador compulsivo.
Desde 1997, la Arquidiócesis ha recibido cerca de 50 demandas contra Geoghan y reclamos de indemnización por más de 10 millones de dólares, sin embargo los expedientes judiciales son confidenciales y no pueden ser públicos.
Los demandantes de los 84 casos pendientes se niegan a resolver tan fácilmente sus reclamaciones, y los documentos internos de la Iglesia están sujetos a ser revelados solamente durante el proceso judicial. La Arquidiócesis se ha movilizado agresivamente para mantener fuera del escrutinio público los reportes de la supervisión a Geoghan. Por ejemplo, cuando el cardenal Law fue nombrado como acusado en 25 demandas, Rogers le pidió al juez reservar cualquier referencia a la autoridad clerical bajo el argumento de que su reputación podría ser dañada. El juez se negó a hacerlo.
El 17 de diciembre (de 2001), el abogado del cardenal Law, Wilson D. Rogers Jr., amenazó al defensor legal de The Globe, Jonathan M. Albano, que iniciaría acciones judiciales contra el periódico y el estudio que lo representaba si el diario publicaba cualquier referencia tomada de los documentos reservados contenidos en las demandas. Advirtió que buscaría que un tribunal sancionara a los reporteros de The Globe si estos preguntaban sobre los sacerdotes involucrados en el caso.

El abogado del cardenal Law, Wilson Rogers Jr., amenazó con demandar al periódico si los reporteros citaban los documentos de la iglesia sobre las violaciones sexuales.
El abogado del cardenal Law, Wilson Rogers Jr., amenazó con demandar al periódico si los reporteros citaban los documentos de la Iglesia sobre las violaciones sexuales.

Durante décadas dentro de la Iglesia Católica estadounidense el comportamiento sexual indebido de los sacerdotes fue envuelto por el secretismo. Los curas abusivos –Geoghan, entre ellos-, con frecuencia presionaban a los traumatizados jóvenes a no decir nada sobre lo que les habían hecho. Los padres de familia que se enteraron de los abusos, frecuentemente afectados por la vergüenza, la culpa y la negación, trataron de olvidar todo lo que hizo la Iglesia. Los pocos que se quejaban fueron invariablemente urgidos a que guardaran silencio. Por su parte, los obispos y pastores vieron el abuso sexual como un pecado del que los sacerdotes podían arrepentirse y no como un acto compulsivo del que estos eran incapaces de controlar.
El Estado de Massachussetts garantizó por ley el secretismo y lo sigue haciendo. Durante todos los años que Geoghan abusaba sexualmente de los niños, los clérigos estaban exceptuados de las leyes que permiten iniciar acciones penales con un solo reporte policial de un incidente de abuso sexual.
Hasta años recientes, la Iglesia tenía un poco de temor a los tribunales. Pero esto cambió, como predijo un reporte confidencial de 1985, preparado por presión de algunos importantes obispos del país, Law entre ellos. “Nuestra dependencia en el pasado de los jueces y abogados católicos romanos que protegen a la Diócesis y a los sacerdotes, ya no existe”, señala el informe.
Desde mediados de diciembre (de 2001), The Globe has solicitado entrevistas con el cardenal Law y otras autoridades de la Iglesia. No recibimos respuesta hasta que Morrissey en una tardía llamada en la noche del viernes nos dijo que ni siquiera aceptaría preguntas por escrito. Consultado si eso significaba que la Arquidiócesis ni siquiera tenía interés en saber cuáles eran las preguntas, Morrissey contestó: “Eso es correcto”.
Durante la preparación de este reportaje The Globe también pidió entrevistas a muchos de los sacerdotes y obispos que supervisaron o trabajaron con Geoghan. Ninguno de los obispos quiso hacer comentarios. De los sacerdotes, muy pocos querían hablar públicamente. Un cura colgó el teléfono y otro tiró la puerta ni bien escuchó la mención del nombre de Geoghan.
Después de ordenarse, se reportaron los abusos.
No hay dudas de que Geoghan abusó de los niños cuando estuvo en la iglesia Santísimo Sacramento, en Saugus, después de que se ordenara en 1962. Recientemente la Arquidiócesis reconoció que recibió acusaciones contra el clérigo por su conducta, además archivos obtenidos por The Globe señalan que en 1995 Geoghan aceptó que en esa época violó a cuatro niños de la misma familia. El punto irresuelto en las demandas es si las autoridades eclesiásticas conocían de los abusos en esa época.
El sacerdote retirado Anthony Benzevich dijo que alertó a los altos funcionarios de la Iglesia de que Geoghan frecuentemente llevaba a muchachos a su dormitorio. Después que se publicaron en la prensa las acusaciones contra el clérigo Geoghan, consignaron declaraciones de Benzevich quienes aseguraba que las autoridades de la Iglesia con enviarlo a Sudamérica como misionero si seguía hablando del perpetrador sexual. Benzevich relató su historia a Mitchell Garabedian, el abogado defensor de casi la totalidad de los que demandaron a Geoghan y funcionarios de la Iglesia, de acuerdo con la declaración jurada presentada por el letrado.

El abogado defensor de las víctimas, Mitchell Garabedian, tuvo un papel decisivo en la investigación de los periodistas.
El abogado defensor de las víctimas, Mitchell Garabedian, tuvo un papel decisivo en la investigación de los periodistas.
Sin embargo, los registros judiciales que revisó The Globe revelan que cuando Benzevich se presentó en el estudio de Garabedian para presentar preparar su manifestación en la audiencia de octubre de 2000, estuvo acompañado del abogado de Wilson Rogers III, hijo del principal defensor del cardenal Law. Bajo juramento, Benzevich cambió de versión. Dijo que no estaba seguro de que Geoghan tuvo niños en su dormitorio. Y añadió que no recordaba si notificó a sus superiores sobre el comportamiento de Geoghan con los niños.
En una reciente entrevista con The Globe, Benzevich recordó que, efectivamente, Geoghan llevaba niños a su habitación. Añadió que a menudo luchaba con los menores, a los que le gustaba vestirlos con atuendos de sacerdote. Y repitió su afirmación bajo juramento de que no recuerda si dio aviso a sus superiores.
Antes de ofrecer su testimonio a los tribunales, Benzevich dijo que se le acercó el abogado Wilson Rogers III y le informó que la Iglesia lo estaba tratando de proteger ante una eventual acusación en su contra y le ofreció defenderlo. Después de esto, Benzevich explicó que sus declaraciones a la prensa habían sido mal interpretadas.
Basándose en el mandato judicial de confidencialidad, no quiso abordar el caso de Benzevich ante The Globe. Si se comprueba que los superiores de Geoghan conocían de los abusos sexuales que cometía, el monto de las indemnizaciones que tendría que pagar la Iglesia a las víctimas aumentaría drásticamente.
La segunda asignación de Geoghan fue en la iglesia de San Bernardo, en Concord, en 1966. Solo duró siete meses, de acuerdo con una cronología detallada del servicio de Geoghan que preparó la Iglesia pero que no explica por qué el clérigo estuvo por tan corto tiempo en dicha parroquia.
Entre las demandas pendientes de resolución se incluyen acusaciones de que Geoghan volvió a abusar de niños de muchas familias en la siguiente parroquia en la que sirvió, San Paul, en Hingham, entre 1967 y 1974. Una de sus presuntas víctimas, Anthony Muzzi hijo, declaró en una entrevista la semana pasada que, además de haber sido abusado por el sacerdote, su tío acusó a Geoghan de haber violado a su hijo. El tío ordenó a Geoghan retirarse de su casa y lo denunció ante sus superiores de la iglesia de San Paul.

Cada vez que los acusaban por las violaciones sexuales de niños, los superiores de Geoghan, en lugar de ponerlo en manos de la justicia, lo trasladaban de parroquia. No era el único.
Cada vez que los acusaban por las violaciones sexuales de niños, los superiores de Geoghan, en lugar de ponerlo en manos de la justicia, lo trasladaban de parroquia. No era el único.
La queja ante las autoridades de la Iglesia coincide con el periodo de tiempo en el que Geoghan recibió un tratamiento hospitalario para abusadores sexuales en el Instituto Seton, en Baltimore, según Sipe, el psicoterapista que era parte del personal del establecimiento de salud en ese momento. Pero Sipe no trató a Geoghan.
Durante su estancia en Hingham, Geoghan buscó víctimas en lugares más lejanos. Se hizo amigo de Joanne Mueller, una madre soltera de cuatro niños que vivía en Melrose. De acuerdo con las manifestaciones judiciales, el sacerdote se convirtió en un visitante regular, en un consejero espiritual y compañero para sus hijos que tenían entre 5 y 12 años de edad.
Según testificó Mueller, su segundo hijo se le acercó y le dijo que mantuviera lejos de él a Geoghan. “No quiero que él le siga haciendo eso a mi pipí, no quiero que siga tocando mi pipí…”, recordó Mueller que le pidió su hijo.
De acuerdo con la manifestación judicial de Mueller, llamó a sus otros tres hijos y estos le dijeron que Geoghan, aprovechando que se los llevaba a tomar un helado, o ayudándolos en la ducha, o leyéndoles cuentos antes de dormir, los violaba oral y analmente. Mueller también afirmó que Geoghan presionó a sus hijos para que no dijeran nada a nadie. “No pudimos decirte nada porque el padre dijo que estábamos bajo confesión”, relató a Muller uno de sus hijos.
Mueller declaró que inmediatamente llevó a sus hijos ante el reverendo Paul E. Miceli, el párroco de la iglesia de Santa María, en Melrose, quien conocía tanto a Geoghan como a la madre de familia.
Ella testificó que Miceli le aseguró que Geoghan sería puesto en manos de las autoridades eclesiásticas correspondientes para que “nunca más vuelva a ser sacerdote”. Mueller también afirmó que Miceli le pidió que mantuviera el caso en reserva. “Esto ha sido tan malo, que mejor intenta no pensar más en el asunto. Nunca más volverá a ocurrir”, le dijo Miceli.
El reverendo Paul Miceli recibió una denuncia de una madre contra Geoghan por la violación de sus hijos. En el juicio, Miceli diría que no sabía nada.
El reverendo Paul Miceli recibió una denuncia de una madre contra Geoghan por la violación de sus hijos. En el juicio, Miceli diría que no sabía nada.

Pero Miceli, quien hasta hace poco fue miembro del círculo íntimo del cardenal Law, contradijo a Mueller durante el juicio. Aseguró que no recordaba su nombre y que nunca había recibido una visita con las características que describió la madre de familia. Pero reconoció que había recibido la llamada de una mujer que dijo que Geoghan pasaba demasiado tiempo con sus hijos.
El clérigo declaró que la persona que se comunicó con él no mencionó para nada los abusos sexuales. Sin embargo, Miceli manifestó que envió a Geoghan a una nueva parroquia, en Jamaica Plain, para Geoghan enfrentara cara a cara las quejas de la mujer.
Las familias necesitadas eran las más vulnerables 
Si Mueller facilitó a Geoghan acceso a sus niños en su casa de Melrose sin saber de quién se trataba, algo parecido hizo Maryetta Dussourd en la siguiente parada del sacerdote, en la iglesia de San Andrés, en la zona de Forest Hills, en Jamaica Hills, entre 1974 y 1980.
Maryetta Dussourd acusó al sacerdote Geoghan de haber abusado de siete menores en su casa. Las autoridades de la Iglesia le pidieron que no hiciera público el caso y que castigarían al pedófilo. No lo hicieron.
Maryetta Dussourd acusó al sacerdote Geoghan de haber abusado de siete menores en su casa. Las autoridades de la Iglesia le pidieron que no hiciera público el caso y que castigarían al pedófilo. Nunca lo hicieron.

Dussourd criaba a tres niños y una niña y a otro cuatro hijos de su sobrina. En el complicado vecindario donde vivía, ella declaró que esperaba que sus niños admirasen a un sacerdote. Entonces ella se encontró con Geoghan, quien supervisaba a los monaguillos y boys scouts en la parroquia.
Recordó con amargura que Geoghan le dijo que estaba dispuesto a ayudarla. Al poco tiempo el sacerdote comenzó a visitarla en su departamento casi todas las noches durante dos años. Cotidianamente llevaba a los siete niños a beber helados y los hacía dormir cada noche.
Durante todo ese tiempo, Geoghan sistemáticamente molestaba a los siete niños en sus dormitorios, declaró Dussourd. En algunos  casos, practicó sexo oral con todos, de acuerdo con los documentos judiciales. En otras ocasiones, mientras él rezaba, acariciaba los genitales de los niños  o los forzaba a que lo hicieran con los suyos.
Un documento arquidiocesano de 1994 sellado como “personal y confidencial”, señala que Geoghan se quedaba en el hogar de Dussourd, “incluso cuando estaba de retiro, porque extrañaba mucho a los niños. Él ‘los tocaba cuando ellos dormían y los despertaba para jugar con sus penes’”.
Dussourd descubrió lo que ocurría después que los niños finalmente le contaron a su hermana, Margaret Gallant. Horrorizada, Dussourd se quejó ante el reverendo John E. Thomas, párroco de Santo Tomás de Aquino, una iglesia cercana, según el expediente judicial del caso, las declaraciones de Dussourd y una autoridad eclesiástica que pidió que no la identificaran.
Thomas confrontó a Geoghan ante las acusaciones y quedó sorprendido cuando el clérigo aceptó casualmente que eran ciertas. “Me dijo: ‘Sí, todo es verdad’”, recordó la autoridad eclesiástica. Era como si se le hubiese preguntado a Geoghan, “si prefería un helado de vainilla o de chocolate”.
Thomas de inmediato se dirigió a las oficinas de la Arquidiócesis en Brighton para darle cuenta a Daily. Ante la presencia de Thomas, en la tarde del sábado 9 de febrero de 1980 Daily telefoneó a Geoghan que se encontraba en la parroquia de San Andrés, y en una breve conversación, le dio una orden terminante: “Vete a casa”, dijo la autoridad eclesiástica.
El reverendo Francis H. Delaney, quien fuera pastor de Geoghan en San Andrés, dijo en una entrevista que las autoridades de la Iglesia nunca le dijeron porque el clérigo desapareció de la parroquia.
Varias semanas después, relató Dussourd, un contrito Thomas se presentó en su departamento y le dijo que Geoghan había confesado que abusó de los niños, pero disculpó su comportamiento arguyendo ante el pastor: “Solo fueron dos familias”.
Thomas, cumpliendo con el patrón común de los clérigos de la época, más tarde le pidió a Dussourd no cumplir con su amenaza de hacer público lo ocurrido, manifestó la madre de familia. El clérigo le recordó los años que Geoghan pasó estudiando para el sacerdocio y las consecuencias de lo que le pasaría si las acusaciones se ventilaban. “¿Te das cuenta de lo que le harías?”, dijo Dussourd que Thomas le preguntó, según su versión.
Thomas, que ahora está retirado, no quiso ser entrevistado.
Un documento de la Arquidiócesis fechado en 1994 que resume los frecuentes problemas de Geoghan señala sobre los siete niños: “El padre Geoghan ‘admite la actividad pero no siente que sea grave o un problema pastoral’”.
El siguiente año Geoghan estuvo de baja por enfermedad, bajo tratamiento por su compulsión sexual, pero vivía en familia en West Roxbury. En febrero de 1981, fue enviado a la quinta parroquia de su carrera, San Brendan.
Casi inmediatamente, Geoghan empezó a trabajar con los padres y sus hijos que se preparaban para la Primera Comunión, incluso llevando a algunos de los chicos a la casa de verano de su familia en Scituate (Plymouth, Massachussetts, donde –según los padres dicen que descubrieron-, el sacerdote abusó sexualmente de los menores.
Geoghan dio rienda a sus instintos debido a que la Arquidiócesis nunca le dijo nada al párroco de San Brendan sobre la historia del sacerdote, de acuerdo con un profesor de la parroquia a quien Lane le había confiado lo sucedido.
El profesor de San Brendan, quien pidió no ser identificado, dijo que al principio Geoghan era admirado porque dedicaba gran parte de su tiempo a los niños. Pero con el tiempo algunos feligreses empezaron a sospechar. “Sabíamos que algo no andaba bien”, señaló el profesor: “(Geoghan) solo se fijaba en algunos niños”.
Dos años después y de más acusaciones de abuso sexual, la continuidad de Geoghan  tuvo un abrupto final en 1984 cuando Lane Lane escuchó las acusaciones de que el clérigo había abusado de los niños en la parroquia.
El profesor dijo que Lane estaba devastado que se quebró cuando le dio la noticia. Estaba indignado porque no había sido advertido. “El padre Lane estaba casi destruido por lo sucedido”, declaró el profesor.
Lane está hoy retirado. Cuando un reportero de The Globe lo buscó hace poco, cerró la puerta ni bien se le mencionó el nombre de Geoghan.
El cardenal Law negó haber intentado “pasar por alto el problema” 
Hace poco, el cardenal Bernard Law escribió en su defensa en el periódico arquidiocesano “El Conductor”: “Nunca hubo un esfuerzo de mi parte por trasladar un problema de un lugar a otro”.
Después de la afirmación del cardenal siguió la desclasificación de los documentos judiciales, en los que se menciona que en septiembre de 1984 fue informado de cuatro acusaciones contra Geoghan de haber abusado de siete niños en Jamaica Plain. Ante el tribunal, Law afirmó que notificó a Geoghan de que sería cambiado de la iglesia de San Brendan y que se encontraba “a la espera de otro destino”.
La respuesta legal del cardenal Law, entendida como su reacción a la demanda presentada en su contra, omite cualquier referencia a los abusos sexuales de niños cometidos por Geoghan en San Brendan, en Dorchester.
A pesar de sus antecedentes, Geoghan fue asignado a la parroquia de Santa Julia. En sus primeros dos años estuvo a cargo de los monaguillos, la educación religiosa para los menores de las escuelas públicas y de un grupo de jóvenes, según los directorios anuales de la parroquia. Tres semanas después de que Geoghan llegase a Weston, el obispo D’Arcy protestó por la asignación ante el cardenal Law, recordando los problemas que tenía el clérigo y añadió: “Entiendo que su reciente re
pentina salida de la parroquia de San Brendan, en Dorchester, estaría relacionada con este problema”.
Una copia de la carta contiene un párrafo manuscrito en aparente referencia al reverendo Nicholas Driscoll, quien confirmó que la última semana había sido cambiado de la parroquia de Santa Julia antes de la llegada de Geoghan, pero por problemas de alcohol y depresión, no por abusos sexuales. Es por esto que D’Arcy manifestó su preocupación “por el estallido de un gran escándalo en esta parroquia”. Y añadió: “Si ocurre algo” los feligreses sentirán que la Arquidiócesis “simplemente les envía sacerdotes con problemas”.
D’Arcy instó al cardenal Law que considerara restringir los servicios de fin de semana de Geoghan “mientras reciba algún tipo de tratamiento”. The Globe no pudo encontrar ninguna evidencia de que Law aceptó el consejo. El obispo retirado Francis S. Rossiter, el superior de Geoghan en Santa Julia, rechazó la solicitud de una entrevista que se le hizo la semana pasada. Sin embargo, los archivos de la Iglesia consignan que Rossiter estaba informado del caso de Geoghan.
Las demandas civiles y criminales que Geoghan enfrenta en los condados de Middlesex y Suffolk indican que el sacerdote abusó sexualmente al menos a 30 niños más después que el cardenal Law lo envió a Weston, en 1984, antes y después de la licencia de medio año que se le otorgó por enfermedad, en 1989.
Luego que Geoghan retornó a la iglesia de Santa Julia, en 1989, tuvieron que transcurrir 38 meses para que Law lo sacara de la parroquia. Tres años más tarde, Geoghan continuaba buscando víctimas, entre quienes se encontraban un monaguillo que estaba ataviado para una ceremonia de bautizo, de acuerdo con los cargos criminales presentados contra el sacerdote.
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Han perdido la decencia... ha ganado la igualdad: Estado Laico kaput

Las diversas confesiones religiosas que propugnan
el proyecto de ley de igualdad religiosa aprobado ayer
en el Congreso han perdido la dignidad y la decencia
y se declaran enemigos de un Estado Laico para el Perú


A los interesados en un Estado Laico:

http://www.facebook.com/group.php?gid=115280842118

Pretendíamos que el Estado Laico promoviese la separación irrestricta de iglesias y Estado, que fuese un modo civilizado de convivencia entre los creyentes de diversos credos entre sí y entre los creyentes y no-creyentes. Pensábamos que el pretendido Estado Laico iba a ser la culminacion de un esfuerzo ético por la neutralidad, el respeto y la tolerancia mutua.

Sin embargo es evidente que el totalitarismo de las sectas religiosas se está imponiendo arteramente sobre el anhelo de construir un Estado racional, moderno y democrático para todos. El Estado que vendrá ahora será un Estado donde el avasallamiento de la libertad de conciencia mediante la persuasión coercitiva en la educación pública estará validado por el concepto torcido de "libertad religiosa". La "libertad religiosa", como dijo un visionario, es la libertad de los ignorantes, es la necesidad de mantenerse en el oscurantismo disfrazando la ignorancia cual si fuese un "derecho humano".

Estamos al filo de permitir que nuestra patria se convierta en el paraíso de las sectas donde cualquier grupo religioso, ahora con condición de ente jurídico público, tenga la prerrogativa de usufructuar de nuestos impuestos y del patrimonio nacional, para el enriquecimiento particular de sus líderes.

Ahora quieren que veamos impasibles cómo se estabecen concordatos ya no solamente con la iglesia católica sino con cuanto grupete oscurantista y medieval quiera succionar de la mamadera del Estado Peruano. A diferencia del costoso avance de la laicidad logrado en varios países de la comunidad europea en el Perú vamos caminando raudamente al medioevo mediante el financiamiento y la subvención de las irracionalidades que promueve este proyecto de ley.

Ahora quieren que los bienes mal obtenidos sean "inembargables". En otras palabras, quieren la impunidad cuando sean acusados por cualquier delito que pudiesen cometer. La bancarrota de la iglesia católica estadounidense por los cargos de pederastia clerical no hubiese sido posible si sus bienes hubiesen sido declarados previamente "inembargables".

Ahora ya tampoco quieren pagar impuestos a la renta, alcabala, predial ni propiedad vehicular. Ahora ya no quieren bailar con su propio pañuelo. Ahora también quieren ser las sanguijuelas religiosas del Estado Peruano. Bonito ejemplo el de la iglesia católica.

Está en nuestras manos el elevar nuestra enérgica protesta y utilizar todos los foros de discusión posibles para lograr una conciencia corporativa e intentar evitar un retroceso monumental de nuestra sociedad a estadíos primitivos de religiosidad, irracionalidad y fundamentalismo.

Héctor Guillén Tamayo
03.07.09