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miércoles 21 de septiembre de 2011

La batalla por la PUCP


La batalla por la PUCP

Mar, 20/09/2011 - 05:00
La ofensiva de Juan Luis Cipriani contra la PUCP es parte de una estrategia mayor de los grupos conservadores de la iglesia católica que buscan consolidar el poder que han ganado durante las últimas dos décadas. Hasta 1990 el poder del Opus Dei era reducido en el Perú. Entonces su ascenso fue favorecido por el enfrentamiento que se produjo entre Alberto Fujimori y el arzobispo de Lima, monseñor Augusto Vargas Alzamora.
En la campaña presidencial de ese año, Fujimori logró colocarse a escasos puntos de Mario Vargas Llosa en la primera vuelta. La iglesia católica estaba alarmada pues con la lista de Cambio 90 ingresaron unos 15 miembros de las iglesias evangélicas al Parlamento, incluyendo al candidato a la segunda vicepresidencia, Carlos García y García, ex presidente del Consejo de Iglesias Evangélicas del Perú. La jerarquía eclesiástica temía el avance de las otras iglesias en el Estado y tomó partido por Vargas Llosa, involucrándose en una espiral de movidas políticas que terminó tomando el cariz de una guerra religiosa (MVLl, El pez en el agua).

En el clímax de la campaña se llegó hasta sacar en procesión al Señor de los Milagros y a la Virgen de la Evangelización en Lima, y a la Virgen de Chapi en Arequipa, la última semana de mayo.
No se pudo impedir que ganara Fujimori, pero se dañaron irremediablemente las relaciones con el jefe de la iglesia católica. Durante los años siguientes los roces entre Fujimori y Vargas Alzamora fueron constantes, y a la antipatía personal entre ambos se sumó el firme enfrentamiento del cardenal al programa de esterilizaciones masivas del fujimorismo. Se crearon así las condiciones para el acercamiento entre Fujimori y los sectores más conservadores de la iglesia.

Poco después del autogolpe del 5/4/92 se creó un obispado castrense y una prelatura personal para el Opus Dei, una jurisdicción eclesiástica que no depende del obispo local sino da cuenta directamente al Vaticano, medidas que expresaban el avance de los sectores conservadores, facilitado por el repliegue de la “iglesia popular”, que, luego de un importante ascenso durante los años setenta, fue golpeada por la crisis de los ochenta y por el viraje conservador del Vaticano, que cambió el curso progresista inaugurado dos décadas antes con el papa Juan XXIII y el magisterio del Concilio Vaticano II.

A lo largo de la década del noventa, el Opus Dei mantuvo una estrecha alianza con el gobierno de Fujimori, tanto al interior del aparato estatal –por ejemplo, a través de los parlamentarios que son numerarios del Opus– como desde la iglesia. Cipriani, el más conspicuo representante de la Obra dentro de la jerarquía eclesiástica, apoyó al gobierno, primero desde el obispado de Ayacucho y luego desde el arzobispado de Lima. Por su parte Fujimori cooperó con gran eficacia para su designación como arzobispo de Lima, a través del embajador del Perú en el Vaticano Augusto Antonioli Vásquez, ex ministro fujimorista y prominente miembro del SIN de Vladimiro Montesinos. Nobleza obliga: durante la reciente campaña electoral, Cipriani apeló al “coraje espiritual” de Alan García y Ollanta Humala para demandarles indultar a Fujimori.

El ascenso del Opus Dei en el Perú fue favorecido desde Roma, donde la Obra logró colocar sus cuadros en puestos estratégicos. Para inicios del nuevo siglo, de los 33 obispos que este grupo tenía ocho estaban en el Perú, lo que nos convirtió en el país con más obispos del Opus en el mundo.

La gestión de Cipriani en el obispado de Ayacucho mereció un duro juicio de la CVR: “la defensa de los derechos humanos no fue firme en el arzobispado de Ayacucho durante la mayor parte del conflicto armado... dicho arzobispado puso obstáculos a la labor de organizaciones de la Iglesia vinculadas al tema, a la vez que negaba la existencia de violaciones a los derechos humanos cometidas en su jurisdicción. La CVR deplora que algunas autoridades eclesiásticas de Ayacucho, Huancavelica y Abancay no hayan cumplido con su compromiso pastoral” (CVR 2004).



Prudentemente, Cipriani tomó distancias del régimen de Fujimori pocos meses antes de su caída.

www.nelsonmanrique.com

Han perdido la decencia... ha ganado la igualdad: Estado Laico kaput

Las diversas confesiones religiosas que propugnan
el proyecto de ley de igualdad religiosa aprobado ayer
en el Congreso han perdido la dignidad y la decencia
y se declaran enemigos de un Estado Laico para el Perú


A los interesados en un Estado Laico:

http://www.facebook.com/group.php?gid=115280842118

Pretendíamos que el Estado Laico promoviese la separación irrestricta de iglesias y Estado, que fuese un modo civilizado de convivencia entre los creyentes de diversos credos entre sí y entre los creyentes y no-creyentes. Pensábamos que el pretendido Estado Laico iba a ser la culminacion de un esfuerzo ético por la neutralidad, el respeto y la tolerancia mutua.

Sin embargo es evidente que el totalitarismo de las sectas religiosas se está imponiendo arteramente sobre el anhelo de construir un Estado racional, moderno y democrático para todos. El Estado que vendrá ahora será un Estado donde el avasallamiento de la libertad de conciencia mediante la persuasión coercitiva en la educación pública estará validado por el concepto torcido de "libertad religiosa". La "libertad religiosa", como dijo un visionario, es la libertad de los ignorantes, es la necesidad de mantenerse en el oscurantismo disfrazando la ignorancia cual si fuese un "derecho humano".

Estamos al filo de permitir que nuestra patria se convierta en el paraíso de las sectas donde cualquier grupo religioso, ahora con condición de ente jurídico público, tenga la prerrogativa de usufructuar de nuestos impuestos y del patrimonio nacional, para el enriquecimiento particular de sus líderes.

Ahora quieren que veamos impasibles cómo se estabecen concordatos ya no solamente con la iglesia católica sino con cuanto grupete oscurantista y medieval quiera succionar de la mamadera del Estado Peruano. A diferencia del costoso avance de la laicidad logrado en varios países de la comunidad europea en el Perú vamos caminando raudamente al medioevo mediante el financiamiento y la subvención de las irracionalidades que promueve este proyecto de ley.

Ahora quieren que los bienes mal obtenidos sean "inembargables". En otras palabras, quieren la impunidad cuando sean acusados por cualquier delito que pudiesen cometer. La bancarrota de la iglesia católica estadounidense por los cargos de pederastia clerical no hubiese sido posible si sus bienes hubiesen sido declarados previamente "inembargables".

Ahora ya tampoco quieren pagar impuestos a la renta, alcabala, predial ni propiedad vehicular. Ahora ya no quieren bailar con su propio pañuelo. Ahora también quieren ser las sanguijuelas religiosas del Estado Peruano. Bonito ejemplo el de la iglesia católica.

Está en nuestras manos el elevar nuestra enérgica protesta y utilizar todos los foros de discusión posibles para lograr una conciencia corporativa e intentar evitar un retroceso monumental de nuestra sociedad a estadíos primitivos de religiosidad, irracionalidad y fundamentalismo.

Héctor Guillén Tamayo
03.07.09