Política | Dom. 16 oct '11
Sobón
Autor: Pedro Salinas
Es así. Hay quien disfruta lanzándose al vacío en parapente, quien lo pasa increíble metiéndose en una jaula en un mar infestado de tiburones, y quien se siente plenamente realizado en el papel de sobón.Es curioso lo de los sobones. Y es que hay muy pocos que saben serlo de verdad. Ahí tienen, verbigracia, al obispo de Piura, José Antonio Eguren. Eguren –sodálite, para más inri– es un profesional en la materia. Fíjense si no. Siempre obsequioso. Pasando repetidamente la mano. Una y otra vez. Sobonazo. ¿Con quién? Con Cipriani, obvio. Con quién más.Fue eficientemente oficioso en la reyerta mediática entre el arzobispo de Lima y Mario Vargas Llosa. Entonces, en medio de la gresca, Eguren se arremangó las polleras y salió de su soleada oficina con sonoras notas de prensa, perorando homilías, encabezando comunicados cargados de cierto histerismo, defendiendo a Cipriani de los “ataques” del Nobel, y embistiendo contra Vargas Llosa, quien rebatió al cardenal en una columna. Pero compréndanlo. El sobón es un panegirista nato, además de avezado detractor de quien recela del objeto de su sobonería. Y ahora lo ha vuelto a hacer con tanta energía que cualquiera diría que el adversario ocasional es Gustavo Gutiérrez, quien habría tratado de zamparse calato en su ducha, con un ejemplar de la Teología de la Liberación, mientras monseñor se enjabonaba. Pero no. Por ahí no viene la cosa. El antagonista de turno en esta ocasión es Julio Arbizu, el nuevo procurador anticorrupción, a quien le atribuye frases ofensivas. Injuriosas. Y así. “Rechazo firmemente estos agravios que provienen de una profunda ignorancia. Exijo respeto para la Iglesia y para su máxima autoridad”, dijo Eguren durante una misa en Piura. Lo que no deja de ser exagerado es la proporcionalidad entre la virulencia del obispo y los pretendidos agravios del flamante procurador, quien, dicho sea de paso, acaba de asumir el cargo. Aparentemente, el susodicho se refiere a unos tuits de Arbizu lanzados muchísimo antes de ser designado. En cualquier caso, me tomé el trabajo de revisarlos, y ahí fui encontrando que, Arbizu es hincha del Cristal. Que defiende los derechos humanos. Que la iglesia católica y Cipriani le parecen carcas. Y que, “si existe demonio debe ser como Cipriani”. Puras opiniones de 140 caracteres, o sea. Y una frasecita sarcástica, un tanto corrosiva. Pero nada más. Es cierto que, en otros tiempos, por menos se quemaba a personas como Arbizu. Hasta que Voltaire escribió: “No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero lucharé hasta la muerte para que nadie le impida decirlo”. Que es lo que manda hoy. La tolerancia ante la crítica, digo. Sin embargo, luego descubro que en la web de ACI Prensa, una agencia de noticias que dirige otro sodálite, se amplifican con estridencia los tuits extemporáneos de Arbizu. Y destacan con titulares aparatosos las declaraciones del sacerdote Luis Gaspar, quien exige públicas disculpas y llama “desequilibrado” al procurador. Ahí caigo en la cuenta que el tal Gaspar, además de ser apologista de Cipriani en el caso PUCP, también es el juez del tribunal eclesiástico, la entidad que, supuestamente, habría estado recibiendo denuncias contra los líderes del Sodalitium, Germán Doig y Luis Fernando Figari, por abuso sexual. Entonces recién recordé la definición completa de sobón: “Aquel que adula a alguien para obtener algún beneficio”. Pues eso.